Mi equipo político y particulares, me han pedido que permita replantear mi proyecto político a la Presidencia de la República. Voy a repetir lo que avancé: No es el momento para el suscrito volver a presentar dicho proyecto; además, tengo que ver dónde llegará mi compromiso con el doctor Fernández Reyna, que juré en mi casa junto con la familia García Aquino. Y más con las urgencias apremiantes que inundan nuestro país, cada vez más necesitado de manos dispuestas y hasta probadas.
El tema que hoy trato me preocupa sobremanera, ya que cuando la Justicia grita, todo abogado se resiente. En días pasados apuntalé el esfuerzo que habían hecho Jorge Subero y el actual procurador general, jueces y fiscales, confirmando que en toda regla hay excepciones, pero resulta urgente orquestar nuevas estrategias para levantar la imagen más que deteriorara de nuestra Justicia, siendo la gran imagen que nos garantiza y nos proyecta y ahora ni las leyes las están respetando, y esto es grave. Y que conste, la justicia, la UASD, y la Junta Central Electoral, son de las áreas donde el gobierno ha invertido más. Ser justo honra, más cuando otros necesitan tanto como la educación, nuestra agricultura y la salud.
Por otro lado, estamos de acuerdo que el actual Código Procesal Penal ha influido para acentuar el malestar de nuestra área judicial, con la percepción de que dicho Código fue hecho para ayudar al delincuente, aunque haya sido una copia del Código de los Estados Unidos, Chile, Argentina, Costa Rica o donde sea, pero afortunadamente estamos esperando urgentemente, que el Congreso analice y revitalice dicho código, ya que alarma su ineficacia actual frente al delito.
El Código Procesal Penal apoya los derechos humanos, pero fue un desafío sustituir el Código Francés, y más eliminando las funciones que laboriosamente procesaban los Jueces de Instrucción.
En definitiva, insistiremos con nuestra clase de abogados para que insista en trasparentar la cuestionada Justicia. En el papel de hijo bueno, como todo abogado auxiliar de la judicatura, esperamos poder ayudar a conjurar desatinos e inocencias vertidas hasta en discusiones públicas entre damas magistradas, violentando su condición femenina protocolarmente subalterna, dando lastimosas manifestaciones de indisciplina, indiscreción e irrespeto a la solemnidad de la Justicia. A veces hasta violentando la etapa secreta de algunos procesos, y ello no lo concebimos algunos abogados, rogando finalmente que tratemos, al precio que sea, de que todos ante la ley seamos medidos igual, sin desviaciones mañosas, absolutamente todos, porque, de lo contrario, seguiremos viendo barrer nuestras leyes, principal garantía de nuestro país.

