Buena presión
El presidente Leonel Fernández ha evidenciado de nuevo su visión de los asuntos internacionales y creatividad para formular propuestas que impacten en el exterior a los fines de superar una situación conflictiva o desventajosa dada, con lo que reafirma su capacidad como internacionalista.
Se trata de su propuesta para presionar al gobierno de facto de Honduras a la restitución del presidente constitucional Manuel Zelaya, víctima de un golpe de Estado del que se han cumplido dos meses.
El mandatario dominicano sugirió la suspensión de Honduras del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, decisión que considera fórmula infalible para que el presidente Manuel Zelaya retorne al poder, en un plazo de dos o tres semanas.
La sugerencia se produjo en un foro del que el país fue anfitrión, la XVIII Conferencia Centroamericana y del Caribe de Partidos Políticos, en el que tuvo una intervención en que hizo referencia a la suspensión de visados a ciudadanos hondureños anunciado ayer por Estados Unidos.
Esta posición provocó una reacción ácida de los hondureños, en especial de la organización que agrupa al empresariado, que se ha pronunciado con calificativos que por su solo uso evidencian nueva vez que los que apoyan a los golpistas carecen de argumentos para sostener su actitud.
Fernández ha aprovechado su viaje a Tripolí, Libia, para reiterar su condena al golpe hondureño desde el púlpito de la Cumbre de la Unión Africana, con lo que dimensiona su rol como mandatario latinoamericano que se convierte en vocero transcontinental de un reclamo unánime de la comunidad internacional que, sin embargo, no ha surtido efecto.
Al abundar sobre su propuesta, también se refirió a facultad soberana de conceder o no visados para que hondureños ingresen a Norteamérica. Para Fernández, la decisión del gobierno estadounidense fuese más efectiva aún si quizás no se trata de no otorgar visas nuevas, sino de quitar las existentes, según las reseñas.
Esto debe ser así, y todavía más dura si fuese posible, porque con el régimen de facto se han agotado casi todos los procedimientos pacíficos y diplomáticos.
Además si el gobierno de Estados Unidos es más severo contra los golpistas, despejaría cualquier duda de su rol real y de la mano invisible en Honduras.

