Opinión

Puntos… y Picas

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Honduras: ayer y hoy

La situación  en Honduras no es la misma de los últimos cinco meses, a partir del golpe de Estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya el 28 de junio, porque el pasado domingo hubo elecciones  conforme la Constitución  y esto cambia el panorama.

La comunidad internacional condena unánimemente desde el principio la interrupción del orden democrático en esa nación, pero han fracasado sus esfuerzos para restablecer en el poder al depuesto mandatario.

La diplomacia ha sido puesta de relajo por el régimen golpista de Roberto Micheleti que se comporta como si existiese un plan de pérdida o ganancia de tiempo, hasta que se agote el período gubernamental en enero.

La cuestión en discusión ahora es la legitimidad o no de las elecciones presidenciales del pasado domingo, ganadas de manera cómoda por el ultraconservador Porfirio Lobo, así como el reconocimiento de sus resultados.

En Honduras hay una interrupción del proceso democrático con el golpe de estado, inadmisible para la convivencia internacional actual, y también hubo elecciones presidenciales según lo programado y con alta, normal o baja abstención, en circunstancias especiales, se manifestó la voluntad popular.

Para los teóricos del derecho y las relaciones internacionales, el soberano es el pueblo y hay que respetar su voluntad expresada en las urnas, de manera que el panorama hondureño cambió con las elecciones, que no pueden ser rechazadas o invalidadas desde el punto de vista legal y formal.

Este nuevo elemento debe ser tomado en cuenta en la búsqueda de una salida a la crisis política, lo más pronto posible, y de preferencia antes del 27 de enero, fecha en que el ultraconservador Lobo debe asumir como presidente constitucional de Honduras, producto de los comicios generales.

Los Estados iberoamericanos están en el derecho de reconocer o no el gobierno que surja  de esas elecciones. Es un ejercicio de soberanía, pero no así ilegitimar un proceso realizado según su Constitución.

Hay posiciones extremas e intermedias en la comunidad internacional. A favor los que siguen a Estados Unidos, en contra los de línea dura y una tercera en búsqueda de consenso y negociación para volver al orden, que quizás sea lo lógico, sin desconocer los resultados electorales.

El Nacional

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