Pupo Román habría traicionado compañeros de complot contra Trujillo



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Pasada la medianoche del 30 de mayo y después de infructuosos esfuerzos por localizar al generalísimo Rafael Leonidas Trujillo, Héctor Bienvenido Trujillo (Negro) se trasladó desde la Casa de Caoba, en San Cristóbal, al Palacio Nacional y se comunicó con su hermana mayor, Marina, esposa del entonces ministro de las Fuerzas Armadas, José René Román Fernández (Pupo Román), y la invitó a un encuentro especial en su casa de la calle Doctor Delgado esquina Francia.

 Con pesar y evidentemente preocupado, Negro Trujillo  dijo  a  su hermana  que uno de los matadores de Trujillo, Pedro Livio Cedeño, desde su lecho en la Clínica Internacional, de la avenida México, había señalado el nombre del general Román  como uno de los  mentores de la muerte del dictador.

 Antes de esta reunión Marina había sido llevada de manera urgente a las oficinas de su esposo, en la casa presidencial, por su nuero Tomás Demetrio Morales (Papucho),  esposo de su hija Dora.

En la madrugada del día 31 la residencia del secretario de las Fuerzas Armadas  adquirió categoría de estadio de beisbol, donde cientos de  personas  habían acudido  a enterarse de la situación real que se estaba viviendo. La mayoría de los presentes pertenecían a la familia Trujillo.

En la parte frontal de la casa de Pupo, un hombre se detuvo haciéndose preguntas sobre la conspiración contra el jefe y el futuro que debía encauzar el país.

Era Bibín Román, hermano de Pupo y el único de la familia que estaba contento y regocijado porque se había materializado la muerte del hombre fuerte que gobernó el país durante 30 años

Mientras tanto, en el sector de los conspiradores se vivían momentos de angustia y desesperación porque los conjurados no encontraban a Pupo, reputado como el hombre  responsable de encender la mecha contra Trujillo.  Juan Tomás Díaz, Luis Amiama Tió y Modesto Díaz se desplazaban de un lado a otro tratando de buscar al jefe militar, quien se había comprometido asumir el poder  “una vez me presenten el cadáver de Trujillo”.

Cuando tomaron  la avenida México, entrando por la calle Doctor Delgado, con Amiama Tio al volante del carro Oldsmobile propiedad de Modesto,  Juan Tomás vio al general Virgilio García Trujillo, jefe de la Fuerza Aérea y padre de la esposa de Pupo,  quien iba en su confortable Mercedes Benz, blandiendo  una pistola el general Díaz dijo: “Vamos a matarlo (a García Trujillo).

De inmediato Modesto agarró la pistola de su hermano y expresó: “No, esto no conducirá a nada. Solo nos traería complicaciones”.

Juan Tomás fue a casa de su hija, donde esperaba el informe de De la Maza, sobre las acciones a seguir. El general  consoló a su esposa Chana y le recomendó que se escondiera junto a los niños en la casa del ingeniero Pedro Pagán. No todos estaban dispuestos a admitir el fracaso del complot.

De la Maza censuró a Juan Tomás cuando sugirió que todos se escondieran para esperar si Pupo había entrado en acción.  “Eso es propio de cobardes. Vamos a apoderarnos del Palacio. Ponte el uniforme. Llamaremos al resto del grupo y será fácil  tomar el Palacio. Allí no hay nadie”, les gritó Antonio a sus compañeros de conspiración.

Con evidente desesperación Antonio llamó al Palacio y preguntó por el general  Pupo Román. Cuando una voz contestó, él dijo: “General, el Chivo está  listo”   De la Maza no estaba seguro de que el mensaje había llegado al general o a un agente de los cuerpos  represivos.

Modesto Díaz   advirtió a sus compañeros conjurados que era demasiado tarde para hacerse recriminaciones. “El compadre Pupo nos ha fallado. Estamos perdidos”.  Pero todavía muy sereno, Modesto, sin despedirse de nadie, salió  y le pidió a su hijo Danilo Augusto, que lo llevara  a la casa, donde hoy está la  Dirección Nacional de Control de Drogas, en la avenida Máximo Gómez.

Allí, otro hijo, Lucas, le preguntó: “¿Papá, qué ha pasado?  Hemos estado observando una procesión de carros que han ido a la casa de doña Julia”, donde hoy funciona Apec, y  le contestó: “No sé”. 

Díaz entró a la habitación de su esposa, doña Leda, y le entregó 500 pesos y comunicó a su compañera: “Trujillo está muerto. Tengo que irme. Ahí te dejo 500 pesos. Úsalos en caso de que no  te vea durante un par de días”.

Después de  tórridas discusiones el grupo que estaba en casa de Juan Tomás comenzó a disolverse. Amiama Tió se fue a casa de su amigo Andrés Freites, gerente de la   compañía Esso;  Juan Tomás continuó buscando alternativas con De la Maza, Salvador Estrella Sadhalá y Marcelino  Vélez Santana.  Hablaron  de ir al Palacio o de esconderse,   una iniciativa para la que no se habían hecho planes.

Por último, se resolvió que Antonio y Estrella se escondieran, mientras Juan Tomás y Vélez Santana harían nuevos esfuerzos por encontrar a Pupo Román, quien finalmente fue apresado, acusado y asesinado.

¿Cambió Pupo Román la idea del secuestro de Trujillo por su muerte, cuando Juan Tomás le dijo la supuesta aprobación del cónsul Dearbom para que él dirigiera el país?

¿Se creyó Pupo Román que los norteamericanos iban a intervenir determinantemente una vez ocurrido el ajusticiamiento?

¿Varió tan fácilmente sus argumentos, que eran mucho más racionales y objetivos en relación con las condiciones militares de apoyo, y que Pupo conocía bien, y no podía llamarse a engaño?