¿Qué esperar de un nuevo año?

29_12_2019 ELNAC_DOMINGO_291219_ Actualidad10


Santo Domingo.-En el transcurrir de este año 2019 muchas cosas han cambiado en el empobrecido barrio La Zurza, en la ribera occidental del contaminado río Isabela en el Distrito Nacional.

Una moderna planta de tratamiento de aguas negras está siendo construida, la llamada Cañada del Diablo ha sido cubierta, y los pequeños negocios del entorno se han reactivado, incluso podría hasta decirse que se observan indicios de modernismo, ya que la enorme edificación con sus vistosos colores así lo atestigua.

Sin embargo, la pobreza, el hambre, la falta de servicios básicos, el desempleo y el hacinamiento siguen siendo los dioses y demonios de sus habitantes, que tienen que sobrevivir cada día a como dé lugar.
Decenas de casuchas de hojalatas, cartón y cinc, ubicadas entre las sucias aguas del citado río y un derrocadero, sirven de cobija a cientos de hombres mujeres y niños que viven en las condiciones más vulnerables e inhumanas que se puedan soportar.

La mayoría de los hombres que viven aquí no dispone de empleos fijos, por lo cual sobreviven trabajando como burros (cargando mercancías) o carretilleros en el Mercado Nuevo de la avenida Duarte.

Otros se ganan la vida de recoger sacos en el vertedero de Duquesa para luego lavarlos y venderlos en el referido mercado, los menos afortunados recogen desechos de víveres para poder comer y, aunque no lo crean, así han vivido por años.

Dentro de este marco de vida duro y difícil, una vivienda aun teniendo las mismas características que las demás (cartón, cinc, hojalata y madera, sucia y cayéndose), llama sobremanera la atención, ya que de ella sale una tenue humareda y gemidos que asemejan el lamento de un alma en pena, que solo le pide a la muerte que no la haga esperar más.

Es la casucha de Santo Marte Canela, un hombre de 84 años, sin empleo y sin ningún tipo de ayuda económica, que vive con su pareja Maximina Melo de Jesús, de 69 años, quien con una pierna amputada, un brazo inmóvil y enferma, tiene más de 6 años postrada en una cama, que más que lecho, parece una sepultura en un cementerio olvidado.

El drama en el interior de la vivienda parece sacado de la obra La Divina Comedia, de Dante Alighieri. Los olores y colores de la extrema pobreza son indescriptibles y sofocantes. El fuerte olor a miseria es tan denso que podría empacarse.

Una tenue nube de humo que proviene de un fogón con leña en le que hierven unos víveres, ropa vieja, sucia apiñada, y utensilios inservibles, completan la atmósfera de la casucha donde el sofocante calor y la falta de iluminación le dan un toque casi infernal. Aquí se pierden los recuerdos, y los sueños y pesadillas no tienen cabida.

“Son veinte Año Nuevo que he pasado aquí, y siempre ha sido pasando trabajo mi mujer y yo. Yo vivo de lo que puedo recoger en el mercado y lo que algunos vecinos nos dan. Hay dos hijos, pero imagínese”, expreso, Marte Canela, mientras su mirada se perdía en la nada.

El hombre, muy acongojado, explicó que lo extraño de la vida es que cuando se piensa que las cosas no pueden empeorar, sí lo hacen. Este recuerda que desde hace seis años debe atender su pareja postrada en una cama, que después de un derrame cerebral debe bañarla, darle de comer y atenderla, por lo cual no tiene tiempo ni si quiera para sufrir en paz.

Al igual que otros pobres, indigentes y enfermos mentales, ellos sobreviven esperando que su mundo cambie. Pero además saben que en un país donde el crecimiento económico nunca llegará a ellos, sino a los funcionarios del gobierno y altos jefes militares, seguirán esperando donde habita el olvido.

En la casa de estos ancianos, no hubo Nochebuena como en muchos hogares pobres, ya que nunca han tenido días buenos, y están conscientes de que seguro todo seguirá igual en este nuevo año 2020, excepto que les llegue la muerte.