Opinión

¡Qué vergüenza!

¡Qué vergüenza!

A propósito de que ha sido anunciada la posibilidad de que en la reforma constitucional se consigne de manera expresa que el presidente Leonel Fernández no pueda presentarse como candidato en las próximas elecciones, algunos dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana, PLD, se han apresurado a defender eventuales pretensiones continuistas del mandatario.

 Siente uno lo que llaman vergüenza ajena, porque dos de los defensores el posible continuismo de Fernández son jóvenes dirigentes a los que podía uno ver como representantes de una nueva clase política dominicana que mire y actúe por encima de intereses pequeños.

 Podía esperarse que en el PLD fuera algún melancólico trujillista, (oiga, y no incluya sólo al que tiene usted en mente ahora…) quien se adscribiera a la filosofía política cuyos cultores más destacados en nuestro país son personajes como Santana, Báez, Horacio Vásquez, Lilís, Trujillo y Balaguer.

 Pero caramba, es muy vergonzoso que esta vez los promotores del continuismo sean apenas muchachos, que por jóvenes y políticos y peledeístas no pueden ignorar la profundización de la arritmia histórica que ha representado para este país la continuidad de un solo y providencial hombre en el poder. De esa arritmia, precisamente Juan Bosch quien tanto nos enseñó.

 Pero más vergüenza da porque lo anterior que sabíamos sobre reelección y PLD fue revelado primero por Danilo Medina y después por Reynaldo Pared. Cuando el presidente Fernández presentó al Comité Político su propuesta de reforma constitucional, comprometió que no buscaría presentarse como candidato en las elecciones del año 2012, aunque sí volver, volver.

 Y más, añadió, no recuerdo cual de esos dos caballeros: nadie se lo pidió: fue el propio presidente Fernández quien hizo el compromiso, argumentándole que un tercer período consecutivo de un mismo hombre en el poder podía ser dañino para la democracia.

 Pero más de un especialista entiende que la redacción de la propuesta del Ejecutivo en la reforma llevaría el tema reelección a un terreno interpretativo, a una discusión que, en caso de extenderse más allá del ámbito legislativo, terminaría dilucidándose en una Suprema Corte de Justicia que acaba de establecer la salomónica jurisprudencia de que este mismo presidente Fernández violó la Constitución… pero en base a un tecnicismo barato, lo absolvió de esa violación. ¿Comprende?

 He aquí por qué no son pocos los que entienden que debe quedar consignada de manera clara y expresa la prohibición, transitoria, para que el actual mandatario no pueda volver a postularse para seguir a caballo.

 ¿Justificaciones para no cumplir el pacto de caballeros refrendado en el Comité Político del PLD? Ay, ombe, sólo hay que copy and paste del extenso memorial de “necesidad nacional”, “salvación nacional”, “evitar el salto al vacío”, “que entra el mar”, “evitar el abismo”,  “peligro inminente”, “que viene el lobo”, y ya veríamos si algún alucinado continuista no agrega la “salvación de la civilización cristiana de Occidente”… que ya sobrarían caperucitas y abuelas que nos cuenten el cuento.

 He leído declaraciones de al menos uno los jóvenes abanderados del continuismo leonelista, postular que se busca cerrar el paso a una tercera postulación consecutiva del Presidente, porque la oposición tiene miedo de competir con él.

 Ha lugar el miedo de que Fernández pueda volver a repostularse.

Ahí está el testimonio del historiador Bernardo Vega de que la reelección desguañangó la economía, mientras que el nuevo líder del PRD, Miguel Vargas, ha planteado que los 55 mil millones de pesos de los contribuyentes derrochados en la campaña reeleccionista, dejaron a la economía nacional en extremo vulnerable frente a los embates de la crisis financiera internacional. Para sentir vergüenza y temer, razones sobran. ¿No?

El Nacional

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