Trujillismo y juventud
Por. Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com
Los sectores de la sociedad dominicana que se escandalizaron por la manifestación de apoyo al tirano Rafael Leonidas Trujillo Molina que hicieron los estudiantes de Constanza, mostraron con su actitud que viven en las nubes. No quieren darse cuenta de que deben revisar su práctica como sectores dominantes que son. Desean seguir viviendo en un país de sueños, sin ver las miserias materiales y espirituales que tenemos. Es la irresponsabilidad llevada a la quinta potencia.
Esos jóvenes que expresaron el deseo de que Trujillo estuviera vivo y que volviera a gobernar no son culpables de la ignorancia histórica que reflejan. Los culpables somos los que hemos debido transmitirles las ideas correctas y no lo hemos hecho. Sabemos que la educación dominicana está orientada, por la filosofía que desarrolla, al embrutecimiento de las nuevas generaciones. El proceso enseñanza-aprendizaje en las aulas sigue fundamentándose en el factor memorístico. No se enseña a razonar y mucho menos a usar el juicio crítico. No se quiere forjar ciudadanos reales, activos y conscientes. Se busca la reproducción de ciudadanos formales, pasivos e ignorantes.
Nadie se engañe creyendo que esos objetivos son trazados solo por nuestros dirigentes. Pecarían de ilusos. Existe todo un tinglado extranjero que traza las pautas y aquí se ejecutan. En este período de globalización y liberalización de los mercados no se necesitan mentes lúcidas en los países pobres, ni intelectuales cuestionadores. Se requiere mano de obra barata con conocimientos funcionales. Lo imprescindible para convertirse en operarios en los medios de producción. Más de ahí es un peligro, un atentado a la creación del nuevo orden mundial. Los cerebros pensantes únicamente deben salir de las naciones poderosas, que son las beneficiarias de la globalización. Los grandes países se encargan de que en su ámbito de hegemonía las cosas no se salgan de cauce.
Todo esto, unido a una debilidad institucional interna que espanta, a la pobreza de las grandes mayorías, a la falta de oportunidades de desarrollo para los jóvenes y a líderes políticos que se interesan más en aparentar y en lucir potables frente a los poderes extranjeros, asegura que nuestros estudiantes miren al pasado trujillista como expresión de orden y de dignidad nacionalista.
En las coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique (1440-1479) afirmó: “Recuerde el alma dormida,/ avive el seso y despierte/ contemplando/ cómo se pasa la vida,/ cómo se viene la muerte/ tan callando,/ cuán presto se va el placer,/ cómo, después de acordado, da dolor;/ cómo, a nuestro parecer,/ cualquiera tiempo pasado fue mejor.”
Ciertamente, el poeta Manrique se dolía de su presente y añoraba el pasado, como nuestros jóvenes de hoy. Viven desorientados y sin esperanzas en una sociedad del espectáculo estúpido y del consumo irracional. ¿Están llorando nuestros jóvenes de Constanza por Trujillo, como al padre fallecido?

