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Carecer de brazos y piernas no han sido obstáculo para que el peruano Félix Espinosa Vargas se supere y se  gane la vida y mantenga una familia con dignidad. Antes que pedir o despertar compasión se esforzó por estudiar y aprender un arte, por demás tan complejo, haciéndose merecedor de admiración y respeto de la población. Pudiera haber sido abogado o dedicarse a una carrera menos exigente, pero él optó por su vocación, que era la pintura, para lo cual no tiene más órgano que la boca. De la misma forma que aprendió a escribir llevándose un lápiz a la boca, pues de esa misma manera utiliza el pincel para sus pinturas en todos los estilos y formatos. Las adversidades no han limitado su deseo de vivir y de ser útil a la sociedad. No sólo lleva una vida tan normal como cualquier mortal, sino que se siente orgulloso. A los 55 años de edad Espinosa Vargas es un vivo ejemplo de que cuando se quiere, se puede. Tan conmovedor como el esfuerzo es el mensaje que transmite el artista, quien este miércoles  inaugura una exposición patrocinada por el Ministerio de Cultura, al señalar que quiere dar un ejemplo de vida, de trabajo, de optimismo y de fe a las personas que por cualquier simpleza pierden el deseo de vivir.  Una mezcla de superación y nobleza.

Unidad  por verse

El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) ha vuelto a hablar de aprestos unitarios, retomar la ideología socialdemócrata y tomar sus decisiones por consenso. Pero como son tantas las  ocasiones en que se han anunciado iniciativas para superar las rebatiñas que tanto han erosionado a esa organización, el proceso unitario está por verse. Los perredeístas, antes que aprender de sus errores, no han hecho más que repetirlos pemanentemente, sepultando incluso los que podrían ser sus grandes aportes políticos y sociales. Momentos que han demandado de la unidad han sido utilizados por grupos internos para sacar provecho a costa de algún rival. La realidad es que al PRD, con todo y ese 40 y tanto por ciento que ha alcanzado en los últimos procesos electorales, no le queda más que la opción de la unidad. Su militancia histórica, esa que ha resistido divisiones, rebatiñas, tentaciones del poder, podría cansarse cualquier día y proclamar que ya está bueno.

El Nacional

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