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Los usuarios volvieron anoche a sufrir las consecuencias del desorden que ha caracterizado el sistema del transporte público. Una violenta confrontación por el control de rutas hacia la región Sur terminó en una repentina suspensión de un servicio que, además de deficiente y costoso, resulta bastante peligroso.

Por temor a la presión el Gobierno no sólo ha concedido a los choferes toda suerte de privilegios, incluidos unos irritantes subsidios de combustibles, sino que los ha dejado que impongan sus propias leyes en el sistema de transporte. Por “solidaridad” de la Federación Nacional de Transporte La Nueva Opción (Fenatrano) con un gremio de los que controlan las rutas hacia el Sur, cientos de personas quedaron varadas en las calles.

El conflicto comenzó cuando supuestos miembros de la oficialista Unión Nacional de Transporte y Afines (Unatrafín), que preside Arsenio Quevedo, tirotearon, en la Duarte con París, a conductores de la Federación de Transporte de Pasajeros del Sur (Fetrapasur).

El incidente determinó que por la supuesta confabulación del Gobierno con los agresores, Fetrapasur y Fenatrano paralizaran el transporte de pasajeros. El conflicto es otro de los estruendos llamados para regular e imponer el orden en el sector.

El Nacional

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