Protesta infundada
Todavía no se habían iniciado las repatriaciones cuando ya el primer ministro de Haití, Evans Paul, acusaba al Gobierno de violar el protocolo. La reacción no es más que una señal de alerta para que las autoridades, a pesar de los elogios al Plan de Regularización que han difundido organismos internacionales, estén bien atentas a los procedimientos. Paul ya acusó al Gobierno de violar las normas y las convenciones internacionales, al tiempo que dramatizaba con la creación de un plan de contingencia para recibir en las próximas seis semanas a unos 30 mil haitianos que volverán a su país. Por ahora decenas de haitianos que no pudieron regularizarse retornan voluntariamente a la vecina República y a la fecha no se ha registrado el primer incidente. Los haitianos se han replegado, pero muchos trabajan normalmente en la construcción y en otras labores. Deja mucho que desear que se hable de la violación de un protocolo internacional cuando las repatriaciones ni siquiera habían comenzado. Tal vez las autoridades haitianas busquen curarse en salud con su denuncia contra el Gobierno dominicano, pues sus propios compatriotas las culparon de dejadez y poco apoyo para que regularizaran su residencia en República Dominicana.
Impacto en el agro
El presidente ejecutivo de la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD), Osmar Benítez, ha sonado la voz de alerta: las deportaciones masivas de indocumentados haitianos tendrán un impacto negativo en la producción agropecuaria. Tal vez sea necesario que las autoridades ponderen bien la situación a fin de encontrarle algún bajadero para evitar que se afecten los sectores productivos. Hay quienes han planteado una amnistía para los que estaban inscritos en el Plan Nacional de Regularización y que por diversos inconvenientes no pudieron completar los expedientes. Se podía proceder también a una contratación de esos inmigrantes que en realidad desempeñan alguna labor productiva, aunque sean en forma transitoria. Con la decisión no se afectará la soberanía ni el Gobierno dará su brazo a torcer, si es lo que se teme. Se trata simplemente de una salida. Es obvio que la deportación de unos 200 mil extranjeros tiene que surtir algún efecto en el aparato productivo.

