Los temblores de tierra de 3.3 y 5.0 grados ocurridos el miércoles en la noche y la madrugada de ayer no han dejado de causar pánico en la población, tanto por la intensidad como por la frecuencia con que ocurren los fenómenos atmosféricos. Son muchas las preguntas que la gente se formula sobre las consecuencias de un sismo de mayor magnitud, una posibilidad que no se descarta después de la tragedia del 12 de enero de 2010 en Haití. El temor se acrecienta con los frecuentes derrumbes y grietas en obras públicas y privadas causados hasta por torrenciales aguaceros. Los vicios de construcción saltan a la vista, con el agravante de que según el Colegio de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (Codia) no hay estricta supervisión por parte de los organismos oficiales. Los expertos han advertido que el país no está preparado en ingún aspecto para un gran temblor. Son razones más que suficientes para que la gente entre en pánico frente a movimientos como el registrado ayer, aunque no hayan dejado mayores daños materiales. Los temblores son una señal para prestar más atención a las construcciones, de forma tal que se cumplan con las normas antisísmicas, lo que no significa alarmar a la población, sino más bien protegerla.
Sopa indigesta
El proyecto de ley de regulación cibernética ha comenzado a tambalearse después de la protesta patrocinada por las principales empresas de Internet. Espantados por la magnitud del apagón protagonizado por Wikipedia, Google, Yahoo, Facebook y otras, al menos 18 legisladores ya se han distanciado del proyecto conocido como Sopa. La pieza, que procura proteger el derecho de autor y la propiedad intelectual, cuenta con el respaldo de las industrias del cine y de la música. El Gobierno de Estados Unidos se declaró opuesto a cualquier iniciativa que imponga censuras en Internet. Es más o menos lo que alegan las empresas cibernéticas al señalar que, además de censura, la legislación altera la operatividad de Internet y perjudica su capacidad de innovación. La decisión de los legisladores indica la complejidad del proyecto para controlar la piratería. Pero el estruendo del apagón digital fue una demostración de la incidencia de las firmas cibernéticas.

