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El retorno a Haití ayer en la mañana del expresidente Jean Bertrand Aristide ha tenido los efectos de una explosión en víspera de las elecciones de mañana en la vecina República. Se especula que Aristide, quien fue derrocado en 2004 a través de un golpe de Estado y obligado a abandonar el país, puede ser la clave para decidir el ganador de los comicios que se disputan la exprimera dama Mirlande Manigat y el cantante Michel Martelly. Al partido del exmandatario, Familia Lavalás, se le impidió concurrir a las votaciones, cuya primera vuelta se efectuó el 28 de noviembre. Hasta el último momento Estados Unidos trató en vano de impedir que el excacerdote regresara a su patria. Con el exdictador Jean Claude Duvalier, quien volvió procedente de su exilio en Francia, no se ejercieron las mismas presiones. Con la ocupación de la Minustah (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití) no es verdad que el exgobernante se convertirá a horas de los comicios en un foco de perturbación. Lo que sí puede Aristide es aguarle la fiesta a la Organización de Estados Americanos (OEA) que, con el respaldo de la comunidad internacional, no sólo organiza y supervisa los comicios, sino que hasta ha seleccionado los candidatos.

Contacto con región

Además de la gira por América Latina como la que inició ayer el presidente Barack Obama, que a propósito no ha generado mayores expectativas, Estados Unidos tendrá que tomar otras medidas para recuperar su hegemonía  en la región. Por las razones que fueren, Washington ha perdido la influencia de otros tiempos ante una zona que cuenta con bloques y líderes tan influyentes como el presidente venezolano Hugo Chávez. Nadie en mejores condiciones que Obama para recuperar el espacio perdido, aunque es obvio que el mandatario estadounidense tendrá que ofrecer señales claras a través de sus interlocutores en la región. Obama aterrizará en Brasil como primera escala de la gira que lo llevará a Chile y El Salvador, tres países que para los expertos representan diferentes apuestas para Estados Unidos. Pero la gira tiene sus peculiaridades, como el sofisticado dispositivo de seguridad que al menos en Río de Janeiro se ha previsto para evitar cualquier problema.

El Nacional

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