Como para impregnarle sazón al debate sobre el paquete fiscal, el Gobierno dispuso aumentos en los precios de todos los derivados del petróleo, incluido el gas de cocinar, cuyo galón subió dos pesos. La gasolina premiun fue aumentada en tres pesos, la regular en $2.40, el gasoil regular, $281, el premiun, $283 y hasta el gas natural le tocó un aumento de tres centavos. Si a las sostenidas alzas en los precios internos de los combustibles se agrega unos ramilletes de impuestos, puede decirse que aquí faltaría aire para respirar. Lo paradójico del caso es que el incremento en el precio internacional del barril de petróleo constituye el argumento principal del Gobierno para intentar pasar su paquetazo, lo que quiere decir que la población parece condenada a sufrir candela por todos los lados, toda vez que también aumentan la tarifa eléctrica y casi todos los artículos de la canasta familiar. Aun así, es prudente aconsejar a las autoridades a no mezclar más de la cuenta petróleo con paquetazo, porque ambos ingredientes son muy volátiles.
Decisión imprudente
Como imprudente y altamente perjudicial ha sido calificada el alza de dos puntos porcentuales en la tasa de interés a préstamos del Programa de Promoción de la Pequeña y Mediana Empresa (Promipyme). Como para ponerse a la moda, el directorio de Promipyme, aumentó la tasa de interés, a pesar de la oposición del representante del sector industrial, lo que coloca en situación de virtual quiebra a centenares de micro y pequeñas empresa que no podrían solventar ese incremento. Se sabe que los recursos que maneja ese programa provienen del Presupuesto nacional, de donaciones extranjeras o de otras fuentes relativamente baratas, por lo que no se entiende ese desbordante afán de lucro de una entidad cuyo mandato es el de promover a la micro y pequeña empresa y no de aplastarla, como seguramente ocurrirá con centenares de pequeños negocios.

