La reelección es una mala palabra que nadie se atreve a pronunciar para no salir con una cortada de ojo u otros gestos de rechazo conque la gente se desahoga ante el cúmulo de amenazas de compra de diputados para aprobarla por encima de todo el mundo.
El proyecto de reforma constitucional es rechazado por amplios sectores, a saber, la firme oposición de PRM Luis, grupos de partidos minoritarios, el PLD Leonel, la sociedad civil y el poder político y económico de EEUU. Apenas ocasionales y cercanos seguidores de Danilo insisten.
Una oportuna llamada del secretario Pompeo detuvo la intentona para imponer un tercer periodo del gobierno más corrupto y descarado que registra nuestra historia republicana. Para detener todo esto, Luis había anunciado la marcha al Congreso con la que reafirma un absoluto liderazgo de la oposición.
Desmontada la conspiración contra la Constitución y el pueblo, a los estrategas de Danilo no les queda más remedio que buscar un culpable, sin dudar en un objetivo. El vocero del Presidente no pierde tiempo, y le puso nombre y apellido. Liquidarlo parece la tarea inmediata. Hacer de opositor forzado tampoco le viene bien a Leonel, dado compromiso y responsabilidad que tiene en esta era mirada.
Ni el pueblo ni la real oposición tienen vela en ese entierro. De este lado estamos los que hemos padecido las malsanas ejecutorias del PLD, empeoradas, desde luego, en los dos cuatrienios de Danilo, con deudas y nóminas de botellas duplicadas en menos de ocho años.
Hay evidentes matices inapelables en el reconocimiento a Odebrecht, no como victimario confeso, sino como socio de negocios al amparo de un acuerdo que apenas manejó el procurador Rodríguez. Ante tal afrenta y despojo, el espaldarazo de EEUU se hace oportuno y necesario. Respaldo que puede incluir sobre las revelaciones hechas por la firma brasileña ante la justicia norteamericana.

