RD merece más sitios patrimonio de la humanidad



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La peor herencia que recibimos durante nuestros años de esclavitud española fue la de no pensar ni actuar por nosotros mismos y dedicarnos a esperar hasta que nos digan lo que tenemos que hacer. En consecuencia, como ovejas mansas, las personas se han acostumbrado desde tiempos ancestrales a seguir simplemente a quien está delante aun cuando el camino conduzca hacia el matadero.

Observen, por ejemplo, que todos los años nuestro Ministerio de Cultura está enclavado en consuetudinarias actividades: un carnaval, la Bienal Nacional de Artes Visuales, la Feria del Libro y alguna que otra pequeña actividad intermedia solo para que la rueda pueda seguir rodando. Dentro de ese contexto, ¿Cómo crecemos? ¿A dónde podemos ir? La respuesta es una: no muy lejos.
Un patrimonio de la humanidad es un sitio declarado por la Unesco y seleccionado por recaer en este un gran valor cultural, histórico, natural, además de otros valores que trascienden las fronteras donde se encuentra, por lo que requiere una protección especial.

Nuestro país cuenta apenas con un solo patrimonio de la humanidad (el casco histórico de Santo Domingo), no por falta de posibilidades, sino más bien, porque hemos sido negligentes en ese aspecto y porque las autoridades competentes parecen desconocer el valor que confiere este galardón al lugar donde está y, sobre todo, los beneficios que se obtienen con ello.

De los cinco países más visitados del mundo el año pasado (Francia, España, Estados Unidos, China e Italia), a excepción de Estados Unidos, todos los demás ostentan la mayor cantidad de sitios patrimonio de la humanidad, lo cual quiere decir que el aumento del turismo está sin lugar a duda correlacionado con un mayor aumento de los sitios que poseen ese título.

El año pasado, casi 82 millones de turistas visitaron España, un país con 47 sitios patrimonio de la humanidad, el tercero después de Italia y China y que frecuentemente está presentando nuevas candidaturas, sobre todo, en el área de Patrimonio Cultural Inmaterial. En ese aspecto, los españoles presentan todo lo imaginable y posible: el flamenco, la paella, los patios de Córdoba, etc., porque el turismo aporta al Producto Interno Bruto (PIB) español más de un diez por ciento.

Y mientras ese país está siempre presentando candidaturas, el nuestro tuvo que esperar ocho años para ir desde la Cofradía del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella (2008) a la música y el baile del merengue (2016).

Nuestro país está anclado desde hace mucho tiempo al turismo de sol y playa sin darse cuenta de que después de un par de días viendo el mar con una excelente, pero monótona comida y un viaje por la ciudad colonial, ya los turistas se cansan y quieren hacer sus maletas.

Es en el aumento de nuevos sitios patrimonio de la humanidad donde descansa realmente el futuro y el desarrollo de nuestro turismo y si no trabajamos en esa dirección, perderemos gran parte de nuestros turistas, pues cuando Cuba mejore su infraestructura turística, algo que ya va en camino con el inicio de la inversión extranjera allí, los turistas se irán a disfrutar de playas tan bellas como las nuestras a los más de nueve sitios (naturales y culturales) Patrimonio de la Humanidad que los cubanos poseen. Con todo el respeto que se merece la tierra de José Martí, José Raúl Capablanca, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, ¿Cómo es posible que Cuba tenga nueve sitios y nosotros apenas uno, ambas islas geográficamente adyacentes y, por consiguiente, con territorios muy similares? La razón ya la dijimos: negligencia e ignorancia por parte de las autoridades competentes a través de los años.

Ya es hora de que nuestro país tenga más de un sitio patrimonio de la humanidad y de que aumentemos también en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial.

No nos digamos NO a nosotros mismos, sino que abramos la puerta a todas las posibilidades, y las posibilidades son muchas: el parque nacional Cueva de las Maravillas y nuestros otros parques nacionales, la artesanía del Larimar y la piedra misma, los antiguos ingenios de azúcar y otras tantas posibilidades y bellezas con las que cuenta nuestro país. Este artículo ha puesto una piedra. ¿Quién seguirá construyendo sobre esa base?