Republican presidential candidate Donald Trump takes a photo with a supporter after a rally in Spokane, Wash., Saturday, May 7, 2016. Trump spent a second day in the Northwest on Saturday, telling supporters he'd win Washington state in November and decrying manufacturing job losses. (AP Photo/Ted S. Warren)
Washington. EFE. El Partido Republicano se revuelve entre la incredulidad, el rechazo y la aceptación de que su futuro está en manos de Donald Trump, un magnate explosivo e imprevisible con un récord histórico de desaprobación entre los votantes estadounidenses.
La inesperada retirada de Ted Cruz y John Kasich esta semana tras la victoria de Trump en las primarias de Indiana ha dejado a los republicanos frente a un escenario ante el que muchos aún no dan crédito- el multimillonario neoyorquino es su candidato oficioso a la Casa Blanca.
El aparato del partido está abocado ahora al doloroso ejercicio de cerrar filas en torno a un aspirante contra el que ha hecho abierta campaña durante meses si quiere tener alguna posibilidad de recuperar la Casa Blanca después de ocho años en manos demócratas.
La opción de unir a los conservadores que rechazan a Trump en un tercer partido se desvanece ante la evidencia de que esa sería la mejor manera de asegurar que Hillary Clinton, la previsible candidata demócrata, tuviera un triunfo seguro en las elecciones de noviembre.
El primero en llamar a aceptar la realidad fue el presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, al constatar que Trump será el “presunto nominado” del partido y pedir la unión de todos para centrarse en derrotar a Hillary Clinton.
La etiqueta con la que acompañó su mensaje de Twitter, «#NuncaClinton”, puede leerse como un toque de atención al movimiento «#NuncaTrump”, promovido por un sector del Partido Republicano desde hace meses para evitar lo que hoy ya es casi una realidad.
