WASHINgTON. (BBC Mundo). Hace 75 años se llevó a cabo un concierto en Washington DC que es visto por muchas personas como un importante precursor del movimiento de los derechos civiles de las décadas de los años 50 y 60. En el concierto, celebrado en el Monumento de Lincoln, cantó la contralto clásica Marian Anderson, considerada como una de las mejores voces estadounidenses de la época.
Cuando el color de su piel la excluyó de participar en una presentación que se celebraría en un salón de gran prestigio, Anderson, quien insistió que no tenía ningún interés en ser una activista social, se convirtió en el centro de una fiera tormenta política. Por gran parte de su vida, Anderson fue la dueña de la casa número 762 de la calle South Martin, en Filadelfia. Hoy en día, la modesta propiedad ha sido restaurada como un museo dedicado a su distinguida vida y carrera.
En 1998, Filadelfia oficialmente renombró la calle como Marian Anderson. En su vida privada, Anderson era una persona reservada. En el escenario, era una artista magnífica, ya fuese que interpretara un repertorio de ópera o cantos espirituales.
La cantante siempre dijo que todo lo que ella deseaba decir estaba en su arte. Sin embargo, se vio en el centro de un debate público sobre la política de segregación racial en la mismísima capital estadounidense. Anderson había nacido en Filadelfia en 1897. Sus padres, que no eran personas adineradas, asistían a la Iglesia Bautista. Fue allí donde la habilidad vocal de la joven se hizo evidente.
La música Blanche Burton Lyles conoció a Anderson cuando era niña. Tras la muerte de la cantante, Burton creó el museo en su honor.
«Marian era muy amable y gentil. Era muy modesta. No tenía interés en la política pero aquí en Filadelfia se convirtió en una gran figura. Cuando escuchas sus grabaciones, percibes una profundidad real».
«Algunas veces, al final de sus conciertos había un silencio total, lo cual pudo haber preocupado a algunos artistas. Pero ese silencio venía más bien de la reverencia de la audiencia ante su espiritualidad». Al terminar el bachillerato, Anderson se presentó para estudiar en la Academia de Música de Filadelfia, una institución donde todos eran blancos. Pero fue rechazada no porque careciera de talento o de potencial como cantante, sino por su color de piel.

