LA HABANA, (EFE).- La caravana que llevó a Fidel Castro y sus rebeldes a La Habana en 1959 volvió a entrar a la ciudad como recreación del que para muchos fue un día glorioso y que, 50 años después, los más viejos reviven con la nostalgia de algo imposible de repetir».
Camiones con consignas como «50 años de libertad y seguimos y jóvenes imitando a los guerrilleros triunfantes fueron jaleados el jueves por cientos de habaneros entre ondear de banderas y carteles al paso del convoy por las mismas calles que el 8 de enero de 1959 rebosaban multitudes sueltas para ver a los barbudos.
Desde mediados de diciembre, como parte de los festejos por los 50 años de la revolución que, liderada por Castro, derrocó al dictador Fulgencio Batista, la ciudad comenzó a llenarse de enseñas, imágenes del convaleciente líder cubano y carteles con consignas patrióticas en la ruta de la caravana.
Los niños representaron en las escuelas la llegada de los rebeldes con barbas de tinta de plumón pintadas en la cara y la gente salió más temprano de sus trabajos para esperar el convoy en el Malecón.
Pero para la mayoría, nacidos tras el triunfo del 1 de enero de 1959, se trató sólo de una reproducción teatral para marcar el día.
Ahora, claro, no hay el mismo entusiasmo que aquella vez, indicó a Efe Julia Betancourt, de 74 años, para quien el último medio siglo en la isla ha sido muy complejo».A dos cuadras del Cuartel de Columbia, convertido simbólicamente en un gran centro escolar tras el triunfo revolucionario y donde Castro pronunció su primer discurso aquel 8 de enero, Adrián Alarcón, vendedor de flores de 66 años, afirmó que después de ese día la ciudad cambió totalmente».
Ex guerrillero, jubilado y vestido con pantalón militar para recordar sus tiempos de lucha, Alarcón explicó que Ciudad Libertad (el antiguo cuartel de Columbia) era sólo pabellones y cuarteles y ahora es un centro para niños.
Yo, siendo un niño de 16 años, ayudé a poner esto y ahora tengo que mantenerlo como sea, añadió, en alusión al proceso político que ahora tiene a Raúl Castro como presidente, después de que Fidel Castro abandonara sus cargos por una grave dolencia en julio de 2006.
Para su generación, que vivió la revolución con menos de 20 años y recibió una inyección de esperanza con el triunfo de la guerrilla contra el ejército de Batista, aquellos días se mantienen como una vivencia sagrada».
Yo esperé la caravana en el Malecón, junto a mis hermanas. El pueblo entero estaba en las calles. Un entusiasmo que cuando lo recuerdo se me estruja el corazón, dijo a Efe Gloria Guzmán, de 71 años, quien ese día caminó unos 16 kilómetros para seguir a los rebeldes hasta Columbia.
De espaldas a los titulares de los periódicos, el sonido de altavoces que animaban la fecha en las avenidas, y los preparativos del esperado acto oficial, los más viejos guardan un recuerdo que nadie puede emular y que les entristece cuando se remeda a medias.
José Antonio Delgado, jubilado de 64 años que circulaba por el barrio de Marianao en bicicleta, recordó emocionado que la entrada de Fidel Castro a la ciudad fue un día de una gran alegría, y se queja de que las transformaciones en la vida que llegaron después fueron empañadas por el bloqueo de los Estados Unidos.
El embargo económico y comercial impuesto por Washington a la isla en 1962, para debilitar al Gobierno de Castro, trajo la escasez de todo y con los años se han deteriorado las casas, los edificios, la vida, alegó Delgado.
Yo a veces miro las cosas pensando cómo hubieran sido diferentes, sin las necesidades, y me da tristeza, confesó, sin esconder que nunca hubo un tiempo de esplendor para La Habana tras el triunfo de la revolución.
La ciudad en sí no cambió, pero el ser humano sí, sentenció.

