Madrid. EFE. Entre risas, juegos y sobre todo mucho cariño, seis niños haitianos se recuperan física y mentalmente en la Casa de la Paz, el refugio madrileño que desde mediados de noviembre se ha convertido para ellos en un oasis de esperanza en mitad de la pobreza, el hambre y la enfermedad. Su estancia en el hogar de acogida perteneciente a Mensajeros de la Paz, la ONG española que se ha hecho cargo de los pequeños y sus madres por unos meses, ha transformado su mirada, baja y cohibida, en palabras del padre Ángel, presidente de la Organización, en alegre, despierta y curiosa».
Todos aquí estamos gozosos, porque es maravilloso ver la cara de los niños cuando los coges, notar como se abrazan al cuello, darte cuenta de como sonríen. Ver el sol de aquí ya es distinto. He visto en ellos una felicidad especial, explicó el sacerdote a Efe.
En el salón principal de la Casa de la Paz, Freud-nee, Jeerlly, Midjenie, Yolande, Benchina e Iselorventa pasan gran parte del día rodeados de muñecas, coches, puzzles, balones y libros de cuentos.
En Haití viven en chabolas, en tiendas de campaña. Después de dos años (desde el terremoto) siguen sin tener colchones, agua corriente y letrinas. Por eso cuando abren un grifo y corre el agua o tiras de la cisterna les sale una sonrisa especial, apunta el padre Ángel.
Sus madres les observan, atienden y reprenden -cuando pelean entre ellos por algún juego-, y se esmeran por ayudar en la Casa de la Paz en las tareas del hogar, limpiando el polvo de muebles y sillones u organizando los juguetes. Son muy amables y aplicadas, indica a Efe Aurora, una de las cuidadoras.
Las mamás de las niñas pasan horas por la mañana peinándoles con esas coletitas de colores». Freud-nee tiene 4 años y sufre unas inflamaciones constantes en sus rodillas que, sin embargo, no le impiden desplegar una increíble energía, por eso en el hogar de Mensajeros de La Paz se ha ganado el sobrenombre de el bicho».
Ha experimentado un cambio impresionante desde que llegamos a España. Antes no comía y lloraba mucho. Ahora come, juega con los otros niños y está alegre siempre, explica a Efe Ernite, su madre, una haitiana de 35 años que subsiste en Puerto Príncipe gracias a la ayuda de su familia y de amigos. Ernite, madre soltera en un Haití todavía devastado por el terremoto, sonríe al ver a su hijo recorrer los pasillos de la casa hogar en una motocicleta de juguete y sueña con que Freud-nee se recupere y pueda acceder a todo lo que ella no ha tenido.
Yo sólo aspiro a tener una casa para vivir y un negocio para poder ganarme la vida, pero quiero que mi hijo cumpla sus sueños, dice. Ser médico es el sueño de Freud-nee, un doctor como el que estos días está revisando a los seis niños para derivarles después al especialista que corresponda. La primera visita ha sido a un pediatra social, que le ha hecho una revisión general, analíticas y radiografías. El es el que nos enviará a los especialistas para cada caso en concreto, indica a Efe Verónica, coordinadora de la Casa de la Paz».
UN APUNTE
Ayuda
A casi dos años del terremoto, la reconstrucción, sobre todo de Puerto Principe, que fue la zona más devastada, avanza a pasos de tortuga, según las autoridades haitianas, porque no ha sido cocretizada la ayuda que numerosos países y organizaciones no gubernamentales ofrecieron a los haitianos.

