En teatro, como en cine, un director es tan bueno como lo sea su último montaje. Al tener de este criterio, José Manuel Rodríguez debe felicitarse por el éxito de público que habrá de tener con sus Relatos simplemente cómicos, un trabajo de ocho historias de extensión variable, con condiciones para que se desternille de la risa el publico que sigue a este creativo escénico, pero quien debe velarse sobre el descenso de su nivel creativo, al ceder más espacio del debido a patrocinadores y la no siempre bien manejada influencia televisiva en sus afanes.
Los relatos y de ellos los titulados Orinando, Facebook y Cuando el era ella, serán coronados con el aplauso y la carcajada pero para un talento como el de Josema, hay límites que no puede darse el lujo de violar, so pena de rebajar la ética y la estética del teatro, arte que da sentido a su vida. Orinando es un ejemplo de efectividad teatral sintetizada al extremo y con mucho apoyo de la expresión gestual. Ese relato vale por todo el montaje.
Actoralmente
El peso del trabajo descansa en la propia actuación de Josema y de Evelina Rodríguez, talento que debe ser mucho mejor apreciado por la crónica ya que tiene talento y virtuosismo aun cuando debe insistir en dominar las transiciones emocionales. En el marco humorístico de estos Relatos, se desempeña bastante bien, sobre todo en Facebook y La Feminista, en la que logra una transformación que la reivindica y que demuestra que no necesita ni de un cuerpo modélico ni un rostro a la perfección. Es debe ser su camino.
Hay actuaciones de nuevos talentos que deben ser valoradas, como la del actor y dramaturgo Rancés Richardson, rostro nuevo que cumple su misión, pero puede ser aún más resaltante. Violeta Ramírez hace sus inicios y merece el voto de reconocimiento y una dirección teatral mucho más marcada.
Objeciones
El Josema Rodríguez que vemos en estos Relatos, no es el creativo que mostró una consistencia magistral en Locura Cuerda y Don Juan Tenorio Al Cubo, y deja ahora una deuda con el teatro visceral y orgánico, alejado de facilismos televisivos y de abusos en la mención de patrocinadores o personas de la farándula, recurso histriónicamente innecesario .
El actor y director debe evitar el uso de La Diva (su personaje icónico televisivo) para no contaminar su entablado teatral con otra influencia. Ni lo necesita y resulta saludable.
Este trabajo multi-temático, que deberíamos ver de nuevo, es recomendable a dos niveles: a la gente necesitada por la vía de una tanda de carcajadas ,a un escape de lo cotidiano y a los estudiantes de teatro para que vean como no manejar ciertos aspectos de la escena. Es una presentación con capacidad de alegrar. Pero en teatro, eso no es suficiente. Se pasa bien. Hay un disfrute intenso, pero a costa del valor del teatro sensible y respetuoso de si mismo.

