DAMASCO. AFP. La revuelta en Siria contra el presidente Bashar al Asad cumple el jueves su primer aniversario con una escalada de la violencia frente a un régimen decidido a aplastarla y reforzado por el bloqueo diplomático causado por las divisiones internacionales.
Los milicianos contrarios a Asad llamaron a varios días de manifestaciones en Siria y en el mundo para exigir, una vez más, la salida del presidente Asad, único jefe de Estado todavía en su puesto entre los que se enfrentan a la protesta en el marco de la Primera Árabe.
«Se trata del más trágico y el más incierto de los levantamientos árabes», comenta en un informe Peter Harling, del International Crisis Group.
El régimen, que se niega desde el principio a reconocer la revuelta y la asimila a «terrorismo», contraatacó llamando a una «marcha mundial por Siria», una iniciativa que debería reunir a los todavía numerosos partidarios del presidente Asad en manifestaciones el jueves en Damasco.
Los manifestantes tienen previsto desfilar «por las vidas perdidas en combate por Siria», según el eslogan anunciado el jueves por la televisión oficial siria, cuando según los militantes, la violencia ha matado a más de 8.500 personas, la mayoría civiles, desde el 15 de marzo de 2011. Mientras tanto, el régimen intensifica sus ofensivas militares en contra de los bastiones rebeldes, tras haber tomado el barrio de Baba Amr en Homs (centro) el 1 de marzo y la ciudad de Idleb (noroeste) el miércoles.
El jueves, dos civiles murieron en una operación de allanamientos en la provincia de Idleb y violentos combates estallaron en la noche del miércoles tras un ataque de insurgentes contra sus posiciones del ejército en la provincia de Deir Ezzor (este).
Los llamamientos para poner fin a esta espiral de violencia son diarios. El jueves, 200 organizaciones de defensa de los derechos humanos exhortaron a la ONU y a Rusia.
