Mar Marín
Buenos Aires. EFE. La memoria es un cuento que nos contamos a nosotros mismos, cambiamos continuamente y nos resulta esencial para vivir, asegura la escritora española Rosa Montero que, en una entrevista con Efe en Buenos Aires, reconoce que la escritura «es parte de lo que me mantiene en pie».
Montero presenta en estos días en la Feria del Libro de la capital argentina «El peso del corazón», una novela en la que recupera a Bruna Husky, una detective replicante en el mundo del año 2109.
Un trabajo que se sale de los límites del género de ficción y que, explica la autora, es una mezcla de novela negra, política, romántica y de relato mítico.
Husky es fruto de un «mundo propio» que Montero ha creado aprovechando «todos los recursos de la literatura del siglo XXI».
Bruna, que nació en «Lágrimas en la lluvia», «se ha convertido en un personaje fortísimo para mi», admite la escritora, «el personaje que más me gusta» y que «se parece mucho a mí en lo profundo». La detective es «una fiera, más exagerada que yo. Ella es como un tigre encerrado en una jaula, y yo como un gatito metido en una caja de cartón», continúa.
Ambas comparten las mismas obsesiones -la memoria, la muerte, la identidad -, temas que han acompañado la literatura de Rosa Montero desde su primera novela, «Crónica del desamor» (1979).
«Todos escribimos siempre sobre nuestros mismos fantasmas, intentando encontrar la mejor forma de contarlo», apunta Montero, que ha logrado con la literatura una forma de enfrentarse a esos miedos. «Desde que me recuerdo como persona, me recuerdo escribiendo», continúa. «La escritura forma parte de lo que me permite mantenerme en pie».
En «El peso del corazón», Husky se enfrenta a una trama de corrupción internacional y se muestra obsesionada por la fecha de su muerte, que los replicantes conocen desde su creación.
En la vida real, «no se podría vivir sabiendo cuando vas a morir», señala la autora de «La función Delta», convencida de que los escritores «estamos más obsesionados con el paso del tiempo y la muerte que la mayoría».
Montero lamenta que la cultura actual no sólo no contribuya a que las personas acepten la idea de la muerte sino que la «escamotea, la esconde». «Hay una cultura de negación» y «es nefasto».
Tampoco hay una cultura de la vida, «no estamos preparados para vivir. Nadie vive en el presente, todo el mundo vive con la maleta de piedras del pasado y proyectando a un futuro inexistente».
Por eso, «el momento de la felicidad nunca llega, porque nunca vivimos el presente». En este juego perverso, la memoria personal ocupa un papel fundamental, porque «es un cuento que nos contamos y cambia todo el rato. Nos es esencial para vivir y nos permite dar una cierta apariencia de orden a nuestras vidas», asegura.
La memoria pública «son muchos cuentos» y «la democracia permite que emerjan varias memorias históricas».
En el caso de España, «se está volviendo a recuperar la memoria» histórica y, aunque es un proceso lento y complejo, «no somos desmemoriados», ni el caso español es el único, «pasa en muchos países».
Rosa Montero considera que crisis, como la que golpea a España, tienen costes sociales «monumentales» que están afectando especialmente a los jóvenes e incluso a los niños.

