En el oficialista Partido de la Liberación Dominicana prevalece la tesis de que en el certamen electoral del 2016 se gana con cualquier candidato, razón por la que ha surgido una serie de aspirantes, a algunos de los cuales la gente no les atribuye perfil presidencial.
Pero el candidato que represente la boleta morada, en el lejano 2016, no requiere carisma, formación académica ni popularidad. ¡Mucho menos honestidad! Si los comicios nacionales se celebran el mes entrante, el partido gobernante retiene el poder con facilidad.
Naturalmente, el torneo electoral será en el 2016 y es imposible vaticinar la forma como evolucionarían las circunstancias políticas y económicas durante el ese trayecto. Cualquier proyección habría que hacerla basada en el momento que vivimos, con un PLD compactado y sin reparo en usar los recursos del contribuyente. Y después viene la reforma tributaria.
Además, ¿quién competiría con el PLD, con el control de los órganos electorales, cuyos miembros no guardan la menor apariencia en sus decisiones? A ese factor súmele otro de igual o mayor importancia: La división del PRD.
Esa división sería llevada lo más lejos posible por Danilo Medina y Leonel Fernández. La reciente reunión de Miguel Vargas y Leonel Fernández constituye una reconfirmación contractual, que incrementa la irritabilidad de amplios segmentos del partido blanco. Un partido que ya nadie respeta, empezando por los peledeístas.
Y el ingeniero Hipólito Mejía, hombre percibido como disperso y que no se corresponde a estos tiempos, ha mostrado gran incapacidad para enfrentar la problemática, a tal punto que su liderazgo registra un significativo deterioro, siendo superado, en estos momentos, por Luis Abinader.
Pero es un problema de metodología. Y tanto Hipólito como Luis parece que no creen en la lucha popular, como único mecanismo de recobrar la institucionalidad. Mientras tanto, el PLD luce solo en la cancha. Y ante ese panorama, es verdad que gana con cualquiera.

