Sea quien sea

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Alrededor de tres mil personas mueren cada año en República Dominicana por accidentes de tránsito, la mayoría atribuidos a errores, temeridad o inobservancia de los conductores, una cifra cercana a los muertos durante la revuelta civil de abril de 1965.

Una cantidad mucho mayor de personas sufre lesiones permanentes que les impiden o les limitan su reingreso al mercado laboral, lo que también es causa de pobreza o marginalidad familiar.

La directora del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrantt), Franchesca de los Santos, dijo que los decesos por accidentes de tránsito constituyen la principal causa de mortalidad temprana en el país, lo que supone una especie de maldición que las autoridades aún no han podido conjurar.

Se resaltan los esfuerzos del Intrantt por recomponer el sistema de tránsito y transporte, mediante la puesta en vigencia de nuevos manuales y códigos, pero tal parece que se requiere auscultar el ADN de cada chofer o conductor para determinar de dónde proviene tanta violencia o temeridad al conducir. Se necesita también mejor accionar de las autoridades.

Las autopistas y carreteras están virtualmente desprotegidas de vigilancia por lo que conductores irresponsables de camiones, patanas y vehículos livianos las convierten en tierra de nadie, con violaciones a límites de velocidad y otras formas de manejo temerario.

Las autopistas del norte, este y sur, así como la Autovía del Nordeste están sembradas de cruces por las muertes casi cotidianas que se producen en colisiones o deslizamientos de vehículos pesados, automóviles, camionetas y motocicletas, por lo que transitar por esos asfaltos es como atravesar el mismo infierno.

Los prolongados e insufribles taponamientos que a diario se producen en el Gran Santo Domingo, Santiago, La Romana y otras ciudades son causa de millonarias pérdidas por ausentismo laboral, además de elevar el estrés que sufren quienes quedan varados por largos periodos en las vías.

Para aliviar el desorden vial se requiere de intensos programas educativos para crear una nueva cultura de respeto y observancia de las leyes de tránsito, dotar de debida señalización calles, avenidas y carreteras, aumentar el número de patrullas y aplicar con toda severidad las multas correspondientes a violadores de la ley, sea quien sea.