WASHINGTON, 14 Nov 2012 (AFP) – El secretario de defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, expresó este miércoles su respaldo al comandante en jefe de las fuerzas norteamericanas en Afganistán y reafirmó su «confianza» en el militar, involucrado en el escándalo Petraeus.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ya había hecho lo propio el martes, luego de que el militar fuera involucrado en el escándalo que condujo a la renuncia del jefe de la CIA, David Petraeus.
«El general Allen hizo un excelente trabajo al frente de la ISAF», la fuerza de la OTAN desplegada en Afganistán, dijo Panetta a la prensa en Perth (Australia). «Ciertamente tiene mi confianza para dirigir nuestras fuerzas y seguir en el combate», agregó.
El general Allen fue puesto bajo investigación este martes por decisión del propio Obama después de que agentes del FBI probaran que había enviado correos electrónicos a la mujer que destapó el caso Petraeus con sus denuncias.
Sin embargo, no parece haber indicios de que el intercambio haya involucrado información considerada sensible.
«Les puedo decir que el presidente tiene un elevado concepto del general Allen y de los servicios que ha brindado al país, así como del trabajo que ha realizado en Afganistán», aseguró el martes el portavoz presidencial Jay Carney.
Un funcionario del Pentágono dijo el martes ante periodistas que el Buró Federal de Investigación (FBI) había descubierto entre 20.000 y 30.000 páginas de correspondencia entre Allen y Jill Kelley, una amiga del matrimonio Petraeus, que se consideró víctima del hostigamiento de Paula Broadwell, con quien David Petraeus mantuvo una relación extraconyugal.
Kelley, una mujer de 37 años de Tampa (Florida, sudeste), había denunciado al FBI una serie de correos electrónicos amenazantes que recibió este año y que luego se descubrió provenían de Broadwell. El FBI halló posteriormente mensajes entre Broadwell y Petraeus que revelaban su relación.
Petraeus renunció abruptamente el pasado viernes como director de la CIA, admitiendo el vínculo con Broadwell, quien era su biógrafa.
Un funcionario que viajaba con Panetta a Australia dijo que «el volumen de documentos puede ser en sí mismo desubicado», constituir una violación del código militar y una «conducta inconveniente para un oficial», explicó.
Panetta dijo en un comunicado que su departamento había sido informado el domingo por el FBI sobre el asunto, y que lo remitió al Inspector General (IG) del Pentágono para que abriera una pesquisa.
Sin embargo, precisamente el hecho de que la investigación haya sido encargada a la Inspección General del Pentágono y no al FBI parece descartar que Allen haya divulgado informaciones consideradas secretas y cualquier infracción de carácter penal, agregó el funcionario.
Otro funcionario allegado a Allen, interrogado por The Washington Post, descartó cualquier relación entre el jefe de la coalición internacional en Afganistán y Jill Kelley y una conducta inapropiada por parte del general.
Es más, agregó, nunca estuvo solo con ella. ¿Ha habido una relación? «No», aseguró, estimando que la correspondencia entre ambos estaba «lejos» de haber alcanzado el volumen descrito. Intercambiaron «algunos centenares de mensajes electrónicos en años», señaló.
El martes, Obama suspendió la designación de Allen como jefe supremo de la OTAN, «a la espera de la investigación sobre su conducta por el IG del Departamento de Defensa», según dijo el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional Tommy Vietor.
El general permanecerá en Kabul mientras se lleve a cabo la investigación, anunció Panetta, quien alabó su trabajo en ese país y dijo que su liderazgo había sido «instrumental» para asegurar el avance de la guerra contra los talibanes.
No obstante, Panetta indicó que había pedido a la comisión de Fuerzas Armadas del Senado apurar la designación del sucesor de Allen en Afganistán, el general Joseph Dunford.
El momento en que se produce este escándalo es delicado, ya que en pocos días el general Allen debe comunicar sus recomendaciones sobre el número de soldados estadounidenses que debería permanecer en Afganistán tras el retiro del grueso de las tropas, a fines de 2014.
El caso Petraeus tiene además consecuencias políticas, al estar previstas audiencias secretas del Congreso sobre el mortífero ataque al consulado estadunidense en Bengasi, Libia, el 11 de septiembre pasado.
Legisladores demócratas y republicanos coincidieron en manifestar su deseo de que el exjefe de la CIA declare para saber qué pasó ese día, en el que cuatro estadounidenses resultareon muertos, incluido el embajador en Libia.
«Creo que lo hará. Creo que es una persona responsable y creo que vendrá», dijo a la CNN refiriéndose a Petraeus la demócrata Diane Feinstein, presidenta del Comité de Inteligencia del Senado, que prevé reunirse tarde este martes, junto al líder republicano en el comité Saxby Chanbliss, con el director interino de la CIA Michael Morell.

