SANTIAGO. Monseñor Pedro Gilberto Valentín Jiménez, vicario general emérito de la Arquidiócesis de Santiago, quien falleció el jueves aquí tras varios años de enfermedad, fue sepultado la tarde de este sábado en la cripta de la catedral Santiago Apóstol, con la presencia del clero católico de esta zona, familiares y amigos.
Previo a su enterramiento, fue concelebrada una eucaristía en la Casa de Emaús, ubicada al frente del principal templo religioso de esta ciudad y que sirve de escenario desde hace meses de las misas que deben oficiarse en la catedral, sometida a una completa reparación.
Monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio, arzobispo de la arquidiócesis de Santiago, tuvo a su cargo encabezar la misa, acompañado de Nicanor Peña, obispo de La Altagracia; Jesús María de Jesús Moya, de San Francisco de Macorís, y Francisco Ozoria, de San Pedro de Macorís, además de los eméritos Tomás Abréu, obispo emérito de Mao-Montecristi.
En la homilía pronunciada en la ceremonia religiosa, De la Rosa y Carpio definió al padre Jiménez como una referencia para los jóvenes sacerdotes, porque se entregó por completo a la iglesia y a la vida sacerdotal.
Resaltó que el fenecido sacerdote trabajó bien de cerca con todos los obispos que ha tenido la diócesis de Santiago, entre ellos Hugo Eduardo Polanco Brito, Roque Adames Rodríguez, Rafael Flores Santana y el propio de la Rosa y Carpio.
Testimonios de la vida sacerdotal del padre Jiménez fueron hechos al final de la misa por los obispos Nicanor Peña, Jesús María de Jesús Moya y Francisco Ozoria quienes, en diferentes épocas se relacionaron con el fallecido. Los últimos años de vida el padre Jiménez los pasó recluido en una estancia conocida como Casa Sacerdotal desde, aún retirado y en silla de ruedas, nunca dejó de prestar servicios en los campos de esta provincia, donde celebraba la eucaristía.
Luego de la misa, el ataúd con los restos mortales fue transportado a la Catedral por un batallón del Ejército Nacional, de cuyo organismo armado se desempeñó por muchos años como capellán. Minutos antes de ser bajado a la sepultura, su sobrina, Rosa Jiménez pronunció algunas palabras a nombre de los parientes del fenecido y a seguidas recibió de los militares la bandera nacional que cubrió el féretro en todo el velatorio, como señal de respeto y agradecimiento a su memoria.
