Los restos del ex lanzador de Grandes Ligas, Tigres del Licey y las Aguilas Cibaeñas, serían sepultados a las 11 de la mañana en el cementerio San Gregorio en Nigua.
Pascual Pérez, quien hizo saltar de emoción a la fanaticada criolla por sus característicos gestos desde el montículo, fue asesinado por desconocidos que penetraron a su residencia en la calle Mella 17, presumiblemente para robarle.
El cadáver estaba siendo velado en la funeraria de la misma localidad, a donde se presentaron cientos de personas, ligados al ex jugador, tanto familiares como amigos.
Cutá procedía de una familia de beisbolistas donde se cuentan Carlos, Vladimir, Mélido, Darío (hermanos) y Yorkis (primo).
Pascual tuvo marca de 67-68 en las Grandes Ligas, donde vistió el uniforme de los Piratas de Pittsburgh, Bravos de Atlanta, Expos de Montreal y Yankees de Nueva Yor, mientras que compiló 44-34 en el circuito invernal dominicano, 40 con las Águilas Cibaeñas y 4 con los Tigres del Licey.
Pascual Pérez nació el 17 de mayo de 1957, como el mayor de una legión de lanzadores que llegaron a las Grandes Ligas.
Su estilo particular de lanzar, los varios lanzamientos que desarrollaba incluyendo el famoso Cutábol- lo llevaron a ser uno de los más carismáticos en su tiempo.
Tanto en Grandes Ligas, donde jugó por 11 temporadas con los Piratas de Pittsburgh, Expos de Montreal, Bravos de Atlanta y Yanquis de Nueva York, como en la pelota dominicana (con las Aguilas y con el Licey), Pérez fue un lanzador que se dejó sentir.
Los problemas fuera del terreno lo asediaron y limitaron su carrera, como sucedió en 1992 cuando fue suspendido por arrojar positivo a cocaína por segunda vez en su carrera.
Su campaña más destacada en las mayores la presentó en 1983, con los Bravos de Atlanta, cuando tuvo foja de 15-8 y 3.43 de efectividad, año en que fue seleccionado para el Juego de Estrellas.
A nivel general tuvo una carrera de 67-68 y 3.44 de efectividad, que realmente no deja ver lo buen lanzador que llegó a ser.
Se vale sumar, además, los 21 juegos que completó en la Gran Carpa.
En la pelota local, los duelos de Cutá fueron memorables, vistiendo una gorra amarilla con la que ganó un par de coronas y una con el Licey.
En la temporada 1981-82, con las Aguilas, Pérez ganó 10 partidos y solo perdió tres, al tiempo que puso una efectividad de 2.30 y ponchó 53 rivales.
Aquejado de problemas de salud, principalmente renales y otros derivados del abuso de sustancias, Pérez se mantuvo alejado del béisbol en los últimos años de su vida.
Ayer, Pérez fue encontrado muerto en su hogar, tras recibir un golpe contuso que le rompió la base del cráneo.
«Varios individuos penetraron a la residencia del ex lanzador ‘Cutá’ Pérez en (el pueblo de) Don Gregorio, (provincia de) San Cristóbal, y lo asesinaron. Estamos investigando el hecho», dijo el vocero de la policía, Diego Pesqueira, en un comunicado.

