Pero no lo sabíamos. Nadie podía saber, sospechar siquiera, que ese muchacho delgado, tímido y escurridizo en ocasiones, se convertiría en lo que es hoy
Ningún politólogo previó el salto de garrocha del muchacho de Villa Juana cuando enfrentó con éxito al líder de masas más grande del país. Nadie lo creyó capaz de hacer un pacto con su otrora enemigo Joaquín Balaguer para impedir que Peña Gómez fuera presidente. Un pacto racista, bajo y sucio. Ni siquiera muchos de sus compañeros de partido lo creyeron capaz de llevar a Bosch, ya sin luces, para que firmara tal acuerdo.
Era imposible ver la ambición desmedida del muchacho de Villa Juana de hablar fluido y caminar tranquilo que se paseaba por la calle El Conde de Ciudad Nueva saludando con cariño a intelectuales, poetas, locos y mendigos que muchas veces, con igual cariño, lo ayudaron a empujar su carito cepillo (Volkswagen).
Sus mejores y más cercanos amigos de aquellos años no tan gloriosos podían llegar a la conclusión de que el muchacho que llevaba notas de prensa llegaría a la Presidencia de la mano de Balaguer, a quien luego convertiría en su maestro y guía.
Nadie creyó que haría desde el poder todo cuanto criticó. El fraude electoral y el uso de los recursos del Estado, tan duramente criticados en el libro raíces de un poder usurpado, ahora es pan nuestro de cada proceso electoral.
Si lo hubiéramos sabido la historia seria otra. El país tal vez no sería lo que es hoy: un paraíso del narcotráfico y el lavado de activos donde el crimen y el delito se apoderaron de las calles aterrorizando a los ciudadanos que no se sienten seguros ni en sus propios hogares.
¡Ay si lo hubiéramos sabido! No teníamos forma de saberlo. Pero ya lo sabemos. Ya lo conocemos bien, ya sabemos lo que ha hecho con el país, lo que seguirá haciendo. Ya no puede seguir engañándonos con palabras huecas y promesas que nunca cumple. Se quitó la máscara. Ya vimos el monstruo y sus entrañas. ¡Ahora votemos en su contra el próximo 16 de mayo!

