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Siempre con la verdad

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Ramón Rodríguez

Doñé y la inmortalidad

‘’ Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’’. Una de las respuestas más sabias conocidas en la historia de la humanidad, dada por Jesús de Nazaret a un grupo de fariseos que intentó llevarlo a una encerrona para que violara las leyes romanas. Jesús manejó con maestría inigualable el concepto: Dios-hombre, pero su mayor grandeza es que enarbola el principio de la justicia, mismo que muestra el Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, al inmortalizar a Nelly Manuel Doñé en su condición del propulsor del deporte.

Estuve en la quincuagésima quinta ceremonia del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, que acertadamente dirige el doctor Dionisio Guzmán y al ver caminar firmemente a su hijo Vladimir Doñé, acompañado de su padrino y edecán, Leo Corporán, compadre e inseparable amigo de Nelly Manuel, pensé muchas cosas: fueron a recoger toda la gloria que el hijo de Villa Juana supo ganarse por entregarse enteramente a enarbolar los valores que hoy más que nunca demanda esta patria de Duarte, pero también, pasó por mi mente, que muchos ignoraban, que no solamente se adornaba de laureles la memoria de un gran propulsor del deporte, sino la de un profesor de generaciones, un expositor de ideas brillantes, un gran constructor de sueños, que se hicieron realidad: con el Club Mauricio Báez y la Fundación Mauricio Báez, instituciones que junto a Leo Corporán, supo catapultar a niveles de excelencia en la salud, educación, deporte y cultura.

Dioniso Guzmán y el grupo de honorables que le acompañan, premiaron además, al hombre rebelde, que supo cuestionar el sistema y defender sus ideas de libertad a través de la Línea Roja del Movimiento Revolucionario 14 de junio. Esa es la historia. Nelly Manuel Doñé supo defender sus principios, no sólo en el deporte, también lo hizo cuando la patria lo demandó en la Revolución de Abril, donde expuso su vida frente a los invasores del 65.

Qué bueno, que dentro de este ventarrón que tambalea la credibilidad del Comité Olímpico Dominicano, se exalte la figura de Doñé, como señal de que debemos recuperar los principios que dieron origen al olimpismo.

Vladimir Doñé concluyó magistralmente su discurso en la exaltación de su padre: ‘’ Quiero hacer un reconocimiento a mi edecán, Leo Corporán, que es mi padrino, quien, junto a mi padre, tomaron la siguiente materia: ‘’ brizna, viento, fulgor, barro, madera, y con tan pocas cosas, construyeron paredes: sueños. Con esa hermosa frase, recordó que Doñé y Leo fueron grandes artífices del Mauricio Báez y la Fundación Mauricio Báez.

Por: Ramón Rodríguez
centrodeidiomaswashington@gmail.com

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