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   Sigue rechazo muerte ingeniero en parqueo

   Sigue rechazo muerte ingeniero en parqueo

Vecinos del ingeniero Guillermo Silvestre Moncada Aybar expresaron este sábado que con su muerte, el homicida Rafael Emilio González Álvarez sólo se llevó su vida, “porque jamás podrá llevarse su legado, su honra y su recuerdo en aquellos que lo conocieron”.

En un documento firmado por Michelle M. Lizardo, a nombre de los vecinos en el residencial Xiomara,  sostiene que con su acción González Álvarez ha devuelto la fuerza para recordar que “somos nuevamente una comunidad en paz, en unión y hermadad, listos para luchar unidos para que su hazaña nos marque, pero jamás nos defina”.

Asimismo,  que con su acto típico de un “sociópata”, este homicida se llevó  la oportunidad de que sus hijos puedan crecer orgullosos de su padre y los avergonzó  para toda la vida, convirtiéndolos en los “hijos de un asesino”.

Indica  que “se llevó la dignidad de toda su familia convirtiendo a sus hijos, mujer, hermanos, sobrinos y demás, en víctimas de su patología antisocial, llevándolos ciegamente a mentir por usted ante Dios, la prensa, las víctimas y testigos por defender lo indefendible”.

Igualmente sostiene que con su acto se llevó la dignidad, privacidad, seguridad e integridad del hogar de más de 18 familias, “incluyendo la suya; así como  la inocencia de  los niños que aquí viven, incluyendo los suyos”.

 González Álvarez también arrebató la moral y el recuerdo de personas mayores que dejaron un legado de paz, moral y hermandad por más de 40 años en ese edificio, dice la declaración.

“Nos manchó el recuerdo de una infancia feliz en un condominio lleno de amigos, abuelos y hermanos, a todos los que aquí crecimos y jugamos en nuestra infancia”, expresa.

Añade que con su violencia, gritos, amenazas, imposiciones y falta de cuidado, González Álvarez  convirtió, hace casi 10 años, una comunidad de amigos en su campo de batalla, “obligándonos a ser testigos día tras día, de su desdén hacia la vida, sus malos tratos a empleados, mala educación, amenazas a vecinos y su opresión a todo aquel que osara oponerse a sus deseos”.

Señaló que  fueron  testigos de su cobardía masculina al golpear y maltratar a su mujer en el embarazo  de su segundo hijo.

“Se llevó con su llegada la armonía de un equipo de familias que entre diferencias, para bien y para las peores, como hoy, siempre supo encontrar los puntos medios y el acuerdo en palabras francas con buenas intenciones”, agrega.

Subraya que González Álvarez  se llevó la discreción y la paz de vivir en un sector “tranquilo”.

El Nacional

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