Opinión

Socialismo después del neoliberalismo

Socialismo después del neoliberalismo

La gravísima crisis sistémica del capitalismo y el imperialismo actual, multiplicada por el desenlace catastrófico de la restructuración neoliberal y de su proceso de financierización y globalización, nos convoca a plantear la alternativa necesaria y a luchar por ella.

El capitalismo en general, y el latinoamericano-caribeño por igual, no es sólo un modo de producción, es un sistema integral de dominación, que incluye otras esferas de la economía e importantes vertientes sociales, jurídicas-políticas, institucionales, militares, ideológicas, culturales… Es explotador, saqueador, patriarcal, racista y adulto-céntrico, vertiente todas funcionales a la apropiación de plusvalía., a la concentración de propiedad, riquezas y poder en pocas manos.

Las cambios de una formación económica, social, política e ideológica en crisis, de un sistema a otro, enfrentan altos grados de resistencia, requieren de transformaciones profundas, exigen procesos y niveles de conciencia, demandan nuevas formas organizativas, nuevos métodos de gestión y participación, nuevas bases constitucionales, leyes, cambio de mentalidad… que tardan en lograrse.

Transición es la palabra clave para la denominar el carácter revolucionario pero progresivo de la transformación necesaria, evitando así etiquetar de socialismo lo que es un proceso hacia él, cargado de herencias, trabas y limitaciones a superar.

En nuestra América  los primeros propósitos de la transición al socialismo consisten en desmantelar el modelo neoliberal que nos han impuesto.

 En primer lugar, el neoliberalismo ha implicado la disgregación y fragmentación, de las redes y organizaciones sociales de apoyo, solidaridad y movilización de los pueblos. Y es preciso reconstruir esas redes y movimientos.

En segundo lugar, el neoliberalismo se ha consolidado, privatizando  los recursos públicos.

Esto exige desprivatizar la riqueza colectiva, devolviéndosela a sus verdaderos dueños; y equivale concretamente a socializar esos recursos, cuidándonos de no volver al estatismo burocrático, centralista, corruptor y corrompido, que le sirvió de pretextos a las privatizaciones y se convirtió en una de las causas fundamentales del fracaso del “socialismo irreal”. Pero cuidándonos también de no caer en la trampa de la vuelta a un capitalismo, también fracasado, keynesiano o neo-keynesiano

En tercer lugar, el imperialismo se impuso achicando las funciones económicas y sociales del Estado, no así las represivas ni las que sirven al gran capital privado.

Y esto demanda potenciar y reposicionar el Estado, porque solo con un Estado fuerte podemos presionar, negociar y obtener logros en un contexto internacional adverso, hegemonizado por los partidarios la recolonización neoliberal.

Hablamos de reforzar el Estado, pero no en el sentido del viejo capitalismo de Estado ni del fracasado y mal llamado “socialismo de Estado”.

En cuanto lugar, el neoliberalismo se ha implantado, desplegado y consolidado, expropiando la participación del pueblo, comercializando y privatizando la política y sus instrumentos (partidos, instituciones), reduciendo la democracia al acto ritual de depositar el voto cada cuatro, cinco o seis años; secuestrando las decisiones, arrebatándosela al votante, corrompiendo, posibilitando que un puñado de magnates y las corrompidas elites de los partido tradicionales, subordinadas al imperialismo, se roben la representación del pueblo y actúen por él.

Este aspecto, vinculado a todos los demás de manera sobresaliente (dado el peso del poder político-gubernamental-estatal), nos emplaza a combatir este neoliberalismo decadente y esta seudo-democracia, desplegando y potenciando múltiples maneras y formas de democracia, innovando en la participación del pueblo, control social, congestión y autogestión en todas los órdenes, exigiendo y logrando participación en las decisiones, en todo lo que sucede en el país, desde la inversión en los municipios, presupuestos de alcaldías, presupuestos de empresas y de gobierno, hasta los convenios internacionales, programas de cooperación, contratos empresariales y política exterior.

Esto implica nueva democracia, de una democracia participativa e integral.

Una línea programática y de acción así permitiría desmontar el modelo neoliberal y posibilitaría el avance de la socialización progresiva, en función de prioridades, necesidades y posibilidades reales,  siempre con las miras puesta en la Patria Grande.

El Nacional

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