¿Cuál, de entre las muchas posibles circunstancias vitales, es el lazo más fuerte y tierno que puede unir la Humanidad como un todo, superando diferencias, deficiencias y la engañosa alfombra de tabúes, prejuicios y apariencias, las más de las veces eñgañosas?
Y ciertamente, la música fue ese lazo que unió en su fascinación sonora, a la humanidad toda.
Tras disfrutar anoche de la cuarta entrega de la Temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional, la respuesta llega tomada de la mano, simple y fascinante: la música, sólo la música. Ella supera toda miseria, eleva el alma y consagra la belleza que cambia la vida. La música, esa que demanda jornadas incontables de ensayos y creatividad compositiva.
Pero, en ciertas oportunidades, la fuerza de la música, nos llega acompañada de una sorpresa total por desempeño y personalidad establecida en escenario: Zenaida Romeu, directora sinfónica cubana multipremiada internacionalmente, la primera graduada en el podium principal ante las sinfónicas, abrumadoramente ocupado por hombres, responsable de la creación de un estilo coral sinfónico que revolucionó a Cuba y compositora de las bandas sonoras del ahora censurado director Juan Carlos Cremata (El premio flaco y Chamaco) y un violinista dominicano, virtuoso y sin contar con ningún instrumento de proyección ni mercadeo, violinista de planta de la Sinfónica Nacional. La directora cubana tiene una trayectoria estelar.
El programa
La función inició con la opertura Cándide, de Leonard Bernstein (1918-1990), en la que se evidenció la fuerza y cadencia con que la maestra Romeu condujo nuestra más alta institución musical. Rítmica y vivaz, de gestos precisos y hermosos, esta mujer, dejó perpleja a la platea.
La estelaridad
La presentación central de la noche tomada como base el Concierto No. 1 Op. 47, para violín y orquesta, cuando entra este joven moreno, alto, barba cuidada e incipiente, para ubicarse junto a la directora invitada.
Expectativa ante el primer dominicano que ejecutaba el complejo y demandante texto pentagramado compuesto por el compositor finlandéz, que cumplía 150 años de nacido.
Un violinista que tuvo un debut exitoso a los ocho años de edad, formado por el profesor Hipólito Javier y que siguió perfeccionando su formación con Caonex Peguero (que tiene entre sus hechos históricos la formación de la exitosa Aisha Syed.
Leonardo Mercado mostró que el talento vale por si mismo, que la vida tiene justificación cuando se ha entregado a la trayectoria del trabajo, que el virtuosismo no es un regalo circunstancial.
Una digitación precisa, de cambios y procesos intensos y de enorme color musical.
El aplauso final fue expresión de agradecida audiencia. Es que era una noche de sorpresa sinfónica total.
El dato
Mecenazgo
La temporada sinfónica 2015 tiene el auspicio principal de Claro, la empresa telefónica, el coauspicio del Ministerio de Cultura y la dirección del Teatro Nacional Eduardo Brito.

