Spanglish en Dominicana

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“Salimos perdiendo… Salimos ganando…
Se llevaron el oro y nos dejaron el oro.
Nos dejaron las palabras”.
Pablo Neruda,
“Confieso que he vivido”

Hay una escena en “El último emperador”, la estupenda película del italiano Bernardo Bertolucci, que se me hace difícil olvidar. Es aquella en la que el joven emperador Puyi le pregunta a su tutor acerca de la importancia de las palabras.

“Su majestad”, le responde el tutor, “si usted no logra verbalizar bien sus pensamientos, estos jamás se ajustarán a sus intenciones, y un caballero siempre debe ajustar sus palabras a lo que quiere decir”.

Yo quiero pensar que lo que realmente quiso ilustrar Reginald Johnston, el tutor, interpretado por el gran Peter O´Toole, es que cada idioma tiene su propia riqueza, y que mal se andará si se crea el hábito de mezclar un idioma con otro.

Se diría que las contaminaciones idiomáticas son inevitables, pero el exceso de contaminación sólo puede conducir al horror. Eso sucede, por ejemplo, con el español que se habla y escribe en República Dominicana.

Tan solo basta salir a caminar por las calles del país y ver letreros de negocios para darse cuenta como que el español está de vacaciones.

Al leer el periódico Diario Libre, nos encontramos con el siguiente escenario: Acoso no es acoso, es “bullying”. Un consejo no lo es, si no es “tip”. Un lugar de expendio de bebidas alcohólicas es un “drink” mientras una entrega a domicilio siempre será un “Delivery”. No hay un día que pase donde quien debe asumir la defensa del lenguaje, lo agrede.

Te vas a la radio y este es el panorama: Un centro comercial no lo es, es “mall”. Ya no decimos trabajo por cuenta propia si no ‘freelance” y no queremos decir temas del momento, “trending topics” suena más sofisticado. Y así se suscitan miles de casos.

Ese uso de estos términos en inglés dinamizan las conversaciones de grupo sociales particulares como es el de la clase media y alta donde estos escenarios acontecen con más frecuencia. Aunque no es una práctica muy propia de la población en general hay un efecto propagador peligroso.

El recurso de mezclar palabras en inglés y español conocido como “spanglish” trae complicaciones y confusiones.

Mezclar palabras en inglés y español, conocido como “spanglish” trae confusiones y complicaciones.

Hay tendencias a no seguir reglas gramaticales y crear palabras que no existen y a la vez se convierte en un obstáculo en el aprendizaje del inglés y debilita el conocimiento del lenguaje materno. Para aprender un idioma es vital que se tenga claro conocimiento de la lengua propia.

Para pueblos de baja autoestima como el nuestro, lo extranjero es siempre una tentación al ser nosotros espectadores sumisos y propensos a tragar sin la adecuada digestión. Y con los vientos globalizantes llega el encanto del idioma inglés aderezado en la fuerzas disolventes del Spanglish.

El inglés, es el idioma de la tecnología, la cultura y el comercio, es el que manda, es el que forja nuevos términos que pocos lenguajes incorporan y muchas veces son incapaces de crear sus equivalentes.

Somos muy generosos los dominicanos, porque adoptamos palabras en inglés que no nos hacen falta. Es como si el español molestara en los hombros de muchos dominicanos al existir ese afán de colocar esa palabra en inglés aquí y allá, para, no sé, pavonear de un glamour infundado.

Estas conductas y poses responden más a la ilusión de mostrar que se pertenece a otros círculos sociales y otorgan la ilusión de modernidad. He ahí el deseo esnobista desbocado de emplear términos para hacer creer que nos separamos del resto de la tribu.

Lo preocupante es que la prensa escrita y la radio, que debieran ser bastiones de defensa de un lenguaje, sean los primeros agresores del español. Quien está supuesto a defenderlo, lo destruye.

Apoyarse continuamente en esa palabra extranjera es fruto de un pobre conocimiento del idioma español. Estas palabras en inglés llegan como muletas ideales para animar conversaciones que se apoyan en clichés masticados hasta la saciedad.

La prensa escrita y la radio deberían ser bastiones de defensa de la lengua española.

Otras naciones bajo los mismos embates de la globalización no sucumben con la peculiar desidia dominicana. Y por supuesto, hay vínculos históricos y presencia de una comunidad criolla en Estados

Unidos que contribuye a tener a este país como referente.

El escritor mexicano Octavio Paz fue categórico: el ser y el sentido de una nación se funda en las palabras. El mundo de los seres humanos está hecho de palabras.

Fortalezcamos ese rico mundo de palabras del español del cual se enorgullece Neruda, pues él será la zapata que va a facilitar el aprendizaje de otros idiomas, pero entendamos que quién no conoce su lenguaje no puede verbalizar sus ideas y simplemente tampoco podrá pensar debidamente.

El autor es periodista.