Spectre ha renovado a Bond. 007 cobra un singular sentido de acción, humor del sarcasmo y una densa oscuridad en sus pasajes solidarios, todo gracias al criterio de San Mendes, respaldado por actuaciones de nivel de Daniel Craig y una Léa Seymour, ambos capaces de imprimir, pero sin lógica alguna, una perspectiva nueva del agente secreto.
La cinta ha estallado en las taquillas y no es para menos. Ha superado las ventas de la anterior Skfall (2012) con toda razón producto de su manejo extremo del n espectáculo fílmico de garras bien afiladas.
Los elementos que aseguran el éxito que suena a dinero, están todos aquí: acción que corta la respiración, excelencia en fotografía, universo sonoro y edición precisa, fruto de un dominio artesanal total del recurso.
La toma secuencia del inicio con la Fiesta del Día de los Muertos en el Zócalo, del DF mexicano, es pura magia y virtud de la dirección de cámaras y , es una de las experiencias visuales que quedarán atesoradas en la mentalidad colectiva. Obviamente nos engañan como espectadores con el l corte enmascarado, pero no se sabe cómo ni donde.
Es mejor ni pensarlo ya que lo que se logra es una de las mejores entradas al mundo 007 y que asegura se apodera de toda la atención del espectador promedio. Sin decirlo, Sam Mendes, deja saber que se trata de cine de evasión de buena marca.
Daniel Craig revierte el machismo del Bond y da rasgos dulces de humanidad de humanidad en un personaje acartonado en las escenas de acción y descuidado en el detalle del afecto verdadero, la sensualidad, el erotismo.
Un Bond como pocas veces nos dejaron ver antes y la riqueza del humor, mezcla dosificada con exactitud de sarcasmos e ironías, descargado con sutil inteligencia.
Eso sí, no aplique lógica alguna al guión y unas escenas que, reflexionadas, no son posibles. Gócelas sin analizar. Disfrútela en tanto es un espectáculo de esos que le ponen sentido al cine evasivo y bien puesto, técnicamente, en pantalla.
Pensarla con los parámetros de la lógica es casi un crimen. Es cine buen cine. pero del absurdo. Es cine para ver, impresionarse y sentir.
La incoherencia del concepto, pasa por debajo de la mesa y se excusa a sí misma. Será material de hoguera para los críticos, pero hasta donde la disidencia fílmica lo permite.
Es un indudable éxito de la técnica del cine y la humanización del super-agente británico, tan solo falla en la coherencia lógica que despunta el concepto, pero nadie le pondrá reparos de coherencia cuando se trata de ir a entretenerse con el máximo nivel de acción posible, rol del cine cuando de equilibrar la vida real se trata. Mónica Bellucci nos frustra al quedar menos que anodina, mientras que la francesa Léa Seymour toma en serio lo que se pone en su marco.
Alejada de la etiqueta de las idiotizadas, dependientes y superficiales “chicas Bond” de las primeras entregas. El pre-estreno en Palacio del Cine siguió a una función especial y coctel que ofreció el viernes la Embajada Británica, en la que Palacio del Cine estrenó el trailer de su -Reality Show. El personal de Palacio del Cine hizo lo imposible para que la espera fuera soportable. Admirable su manejo de crisis por la extendida expera.
Un apaunte
Buen trato Heineken
El trato a los invitados en Blue Mall, Palacio del Cine, fue exquisito y fue marcado la buena onda de los patrocinadores, del pre-estreno, especialmente de Heineken, cerveza internacional que, junto con la película ha producido un impactante comercial, con los estándares de acción de los 007.
El trato a los invitados, a pesar de un retraso técnico, correcto con la información oportuna sobre lo que ocurría.

