Para detectar a tiempo enfermedades que, como la catarata congénita y los defectos refractivos, pueden impedir su desarrollo visual, un bebé de apariencia normal debe recibir el primer examen ocular por parte de un oftalmólogo pediátrico a los seis meses, asegura el doctor Gernot Winkler, de la Fundación Centro Láser.
A diferencia de los infantes prematuros, cuya salud visual debe ser evaluada antes de las 4 semanas para evitar la retinopatía y su secuela de ceguera, valorar al término del primer semestre la anatomía del ojo de los bebés nacidos en el período correspondiente permite identificar patologías que afectan a uno de cada diez.
Winkler indica que dicha revisión, y una segunda a los tres años, sirven para descartar o tratar afecciones como miopía, hipermetropía, astigmatismo, glaucoma congénito, ambliopía u ojo vago, anisometropía y retinoblastoma.
Valoramos la anatomía y el balance muscular de los ojos; si se mueven de manera correcta, si están claros, si no hay ningún problema con la córnea o con el cristalino, si no hay una catarata o anormalidades en el fondo del ojo. Muchas de estas condiciones pueden ser corregidas a tiempo, para contribuir con el desarrollo visual del menor, agrega.
Buscamos que no haya estrabismo o desviación ocular. Mediante pruebas especiales, examinamos la binocularidad, que el niño pueda ver con ambos ojos un mismo objeto, y determinamos si los niños ven los colores de manera normal o padecen daltonismo. Indica que niños con síndrome de Down tienden a desarrollar miopía y astigmatismo, por lo que deben usar lentes recetados
