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Suicidios dejan huellas de por vida

Suicidios dejan huellas de por vida

Bonao. Hace 18 años el marido de Carla Rosario (nombre ficticio) se quitó la vida ahorcándose, y hace 12 años el de Raquel Jiménez lo hizo tomando “ácido del diablo”.

Ambas mujeres sobrevivieron a intentos de homicidio de parte de sus esposos y padecieron después de su muerte la injuria de los que entendían que ellas fueron las culpables del suicidio de sus parejas.

El sufrimiento que causa el suicidio no inicia ni termina con la muerte misma, genera secuelas que muchas veces son imborrables.

Estas mujeres se han sobrepuesto a la adversidad y han tratado de rehacer sus vidas. Raquel buscó ayuda sicológica para ella y sus hijos, pero Carla ha tenido que soportar sin ayuda un trauma que a veces le provoca ganas de apartarse completamente del mundo.

Carla se fue a vivir con Juan a su casa de la comunidad rural de Los Quemados, de aquí, cuando apenas tenia 17 años. El hombre tranquilo y cariñoso del que se enamoró se convirtió en el verdugo que la golpeaba, maltrataba a sus hijos y la mantenía en la relación bajo la amenaza de que si ella lo dejaba la mataría al igual que a los dos pequeños que procrearon.

En República Dominicana el suicidio es un fenómeno que va en aumento, muchos de los casos se trata de homicidio-suicidio, personas que acaban con la vida de su pareja y luego se quitan la propia.

En Monseñor Nouel, provincia de la que este municipio es cabecera, se suicidaron 14 personas en el 2011, y hasta mediados de febrero ya se habían matado cuatro.

“Juan llegaba a la casa rompiendolo todo, un día amenazaba con tomar cloro para envenenarse, luego tomaba el lazo dizque que se iba a matar, después cogía un machete que iba a matar a los muchachos, que me iba a matar a mi. Después que pasaba todo eso se ponía mansito, se ponía a llorar, prometía que nunca volvería a hacerlo y me pedía que lo perdonara”, Carla soporto cinco años en la relación por temor a que Juan, que padecía fuertes depresiones, arrebatos y veía seres sobrenaturales, cumpliera con la promesa de matarla a ella y a los niños si ella lo dejaba.

Pero su paciencia se agotó un día que en medio de una discusión Juan la golpeó en plena calle. Le dio un puñetazo que le rompió la nariz y la dejó inconsciente para luego arrastrarla por todo el pueblo de los cabellos. Perdió piel de brazos y piernas. Sus heridas físicas tomaron semanas en sanar, las emocionales siguen latentes.

Ella denunció la agresión en la fiscalía y a Juan le pusieron una orden de alejamiento. Ella pidió que no lo apresaran porque él era el principal sustento.

Carla se escondió en Bonao mientras él la buscaba para matarla. La familia de él le pedía a Carla que volviera para evitar así que Juan se suicidara, pero Carla no estaba dispuesta a soportar más maltrato, humillaciones y vejaciones. Cumplió su promesa cuatro meses después. Se  colgó dentro de su casa.

El trauma

Aunque Carla le pidió a Dios que se llevara a Juan múltiples veces, cuando esto pasó la culpa y la vergüenza la embargó. La gente en el pueblo la juzgaba y responsabilizaba del suicidio de su ex marido, mientras que los hermanos de Juan amenazaron con matarla porque Juan dejó una nota diciendo que se iba a matar por culpa de Carla.

Tras la muerte de su marido, Carla no quería que ningún hombre le hablara. “Lo único que yo quería era ver sangre, era algo endemoniado que yo tenía encima de mi”, confesó.

Por más de un año soñaba cada noche que Juan regresaba para tener sexo con ella y cuando terminaban veía y escuchaba los pasos de un demonio que se alejaba.

Los niños, que tenían tres y cuatro años, vieron a su padre colgando. En la actualidad nadie habla del difunto en la casa.

Carla volvió a casarse y tiene dos hijas más, pero carga con el peso del maltrato previo que la hace reaccionar de manera agresiva ante cualquier cuestionamiento que le haga su esposo. Espera borrar esa  fatal experiencia.

Celos enfermos

“Si él no se mataba yo fuera una muerta más”, confesó Raquel, quien espera que su experiencia le sirva a otras mujeres para que entiendan que ellas pueden lograr sus metas sin la necesidad de un hombre que quiera opacarlas y controlarles hasta el pensamiento.

El padre de sus hijos era celoso empedernido desde el noviazgo, lo que aumentó cuando ella decidió hacerse de una profesión. El matrimonio duró 12 años y terminó cuando le dio una golpiza que la dejó irreconocible, aunque la relación había muerto muchos años antes.

Pero Tomasito nunca se resignó a la separación y persiguió y asedió a Raquel día por día durante seis años. Sobrevivió al primer intento de suicidio pero la segunda vez fue fulminante porque tomó “ácido del diablo” después de rociar a Raquel con ese químico letal.

La acusaba de infidelidad y le prometía que ella nunca iba a lograr su sueño de ser profesional, porque el mismo día de la graduación él la iba a matar.

Tomasito también amenazó con atentar contra sus propios hijos si ellos no se separaban de su madre. Ese día penetró a la casa de Raquel cuando ella no estaba y la esperaba en el patio empuñando una chacón (arma de fabricación casera).

En otra ocasión Tomasito serruchó los barrotes de las ventanas de la casa de su ex esposa para entrar. La familia de Raquel y todo el vecindario estaba a espectativa y temían siempre lo peor.

Cuando Tomasito se mató Raquel fue señalada como culpable incluso sentía que su hija mayor la rechazaba.

LA FRASE

“Por mis hijos tenía que  aguantar lo que Juan quisiera

Carla Rosario

Estilista

“El  juraba que me amaba, que no podía vivir sin mí”

Raquel Jiménez

Comerciante

El Nacional

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