Inadaptados, es teatro nuevo que logra dignidad y ficción
¿Hasta cuál de los puntos de la escala del mal se puede llegar cuando la conciencia de los malvados está convencida de que hacen lo correcto y fomentan el bien en el rastro de sangre y dolor que van dejando tras de sí?
La reflexión, que en tramos toma notas prestadas a la comedia, llega mucho más allá del último acto teatral de Inadaptados, que montó el proyecto Exprésate Dominicano, con el lujo de ajustas a patrones profesionales en sus recursos interpretativos y técnicos, en Sala Ravelo. Y que debería repetirse para mucha otra gente, más allá delas tres masas humanas que llenaron los asientos de la más idílica dimensión de fantasías del Teatro Nacional.
La idea que da forma, el tomar cinco personajes de inadaptación y ruptura social, cada cual a su manera – con sus tonos singularísimos- es producida por un joven dramaturgo, actor y director, Richardson Díaz, que resulta pieza clave para disfrutar de esta experiencia teatral.
Tomando los supuestamente inmanejables personajes de Hitler, Trujillo, Jack el Destripador y el Guason, y agregando a Jafar (personaje de la imaginería Disney), Díaz hace un aporte a la dramaturgia criolla que la recompensa como una experiencia válida para cualquier escenario del mundo.
Rompiendo tiempos históricos y distancias temperamentales, al ubicarlos y desbrozarlos en escena, es de esperar que este joven escritor haya tenido idea cercana de su responsabilidad que asume como ficcionador de la historia y educador colectivo. La pieza apunta, desde los parlamentos, interpretados con intensidad por Omar Ramírez, (Trujillo), Gilberto Hernández, (Hitler), Miguel Lendor,(Jack el Destripador); Iván Mejía (Guasón) y Patricio León ,(Jafar), la capacidad artística del pensar en los grandes temas de las capacidad humana de asimilar la ácida capacidad de maldad, pero apostando a desestructurar esos mismos fantasmas, humanizándolos y ridiculizándolos con acierto y gracia.
Ideas que reflexionan sobre la capacidad de maldad humana, rompimientos de esquemas sobre el carácter machista e inflexible de estos símbolos humanos del mal y conclusiones a las que no se llega que no sea por la vía del convencimiento propio del espectador, hace de Inadaptados una experiencia digna de ser vista más de una vez.

