Weekend en Bahía, con dos estrellas de la actuación
Nueva vez la sala Ravelo convocó los sueños y las vidas de personajes y procesos, esta vez en el desesperante y contradictor texto dramático del cubano Alberto Pedro Torriente, con su “Weekend en Bahía”, montado hace 20 años con los protagónicos de Elvira Taveras y Basilio Nova, homenajeados con justicia al final de la función.
La producción de Juancito Rodríguez volvió a escena con Raeldo López (Esteban) y Hony Estrella (Mayra), quienes entregan una actuación transformacional que en muchos momentos los convierte en un solo cuerpo al ritmo del parlamento, la corporalidad tintada de danza moderna y la vinculación de sus histrionismos como pocas veces hemos visto una pareja en desempeño integral de sus créditos actorales.
Raeldo (Esteban) logra una actuación que debe llamarlo urgentemente a escena y a dejar los trabajos de comunicación como “voz en off” de comerciales. Este artista se transforma a niveles sorprendentes, dando drama y comedia en dosis cuidadosamente estructuradas. Él y la Estrella se hacen dueños del escenario en una pieza dotada de una intensidad dramática tal que de no ser por los giros del humor negro, resultaría densa al extremo.
Hony nos ha sorprendido muchas veces, sobre todo en teatro, con un desempeño que da cuenta de que no está en este ambiente tan solo por la imagen y la perfección de su cuerpo. Es una actriz entrenada y responsable.
Es buena y tiene fe en sí misma. La intención del autor cubano de revelar la incomunicación de lenguajes femenino y masculino, queda como lección por aprender. Las variaciones de estados de ánimo, subidas y bajadas emotivas, se desarrollan cual carrito desbocado en montaña rusa y a todo vapor.
La experiencia de “Weekend en Bahía” hay que agradecerla a un Juancito Rodríguez que comenzó como actor secundario en obras infantiles y que ha crecido profesionalmente hasta ser gestor de teatro cualificado.
Cada uno de sus montajes tienen acierto y criterio y justifican plenamente meses de ensayo, jornadas de búsqueda de patrocinio y la satisfacción y fascinación de un público que, al final, no tiene otra forma de reciprocar que no sea el aplauso generoso y decidido.
La directora, Indiana Brito, sabe ubicar con sentido los elementos a su cargo, los recursos humanos y técnicos a disposición, sacando de ellos el mejor partido.
A pesar de una entrada musical, con el tema “Help”, de The Beatles, que se extiende un poco más de lo esperado, Brito establece una marca de dirección teatral que deja una perspectiva de madurez, a pesar de la edad reflejada en su adolescente rostro. La escenografía, basada en caja negra con apuntes dibujados en blanco, es un minimalismo efectivo de Fidel López.

