Mayor General, E.N. (DEM)
El que difama al amigo ausente,
el que no le defiende si le acusan,
el que se deleita en provocar la risa
a su costa, el que no sabe guardarle
el secreto, ese es el malvado de quien
debe huir todo el mundo.
Lucilio.-
Los ríos nacen y en su discurrir afluentes y cañadas se le van uniendo cual si fuesen parásitos. El resultado es que al final del camino la corriente mayor ha perdido su identidad, pues nació cristalina y pura, mas desgraciadamente termina siendo menos que una cloaca. Para el gran ejército de inocentes o que pretenden serlos, ahí tienen como ejemplo el río Ozama.
Idénticamente acontece en la vida del ser humano, que después de nacer, crecer y desarrollarse limpio, permite que viles carroñeros se unan a su caudal, que al igual de las aguas residuales que al considerarse pequeñas no se les pone la atención debida y al final todos conocemos los resultados: todo el río contaminado, como sucede con las relaciones interpersonales, donde la contaminación arropa todo, porque el mal tiene una evidencia aplastante en todo lo que nos rodea, como expresara el Santo Padre Benedicto XVI.
Escucho y escucho en tanto otros se embelezan, al igual que quienes consultaban el oráculo, mientras el oficiante pronunciaba palabras raras y enigmáticas, que parecían atiborradas de sabiduría, significado e importancia, como si procedieran directamente de los sabios labios de los mismos dioses y nadie osaba desobedecer porque estas personas tenían la hegemonía entre dejarlo existir o no.
De idéntico modo les sucede a muchos con temas que salen a la palestra cual si fuese un oráculo, no presentado necesariamente por un o una sacerdotisa, aunque sí por bufones, como aquellos de las cortes que se hacían los tontos, pero sabían que eran más listos que el propio rey y mientras ellos hablaban, hablaban y entretenían, nadie sospechaba que estos charlatanes constituían algo más que unos tontos de circo, que tenían otros objetivos, los cuales pasaban desapercibidos por los que sólo oían y se divertían a costa de ellos.
Estos hazmerreíres son los mismos que en estos tiempos les gusta el engaño, lo fácil, mientras la manada que ríe a boca batiente de sus ocurrentes actos y que además los siguen, sólo se preocupan por el hoy, no importa mañana y mucho menos si ese futuro mediato no los va a perjudicar, ni a ellos ni a sus familiares. Es pensar, decir y obrar con la idea de que lo único que importa es el beneficio de lo actual, para asegurar su porvenir ¡el de los demás no importa!.
Considero muy particularmente que se debe creer en algo más sobre las causas que generan los hechos humanos. Una de ellas es hacerles caso a todos aquellos que en la antigüedad aseguraban que un Dios sin propósito no es fácil ni siquiera de concebir, razón ésta que nos lleva a pensar que para algún fin nos proporcionó el Todopoderoso los sentidos y nos dio la inteligencia, estando seguro de que uno de esos fines lo constituye darnos un arma para protegernos y atacar a la vez a los pérfidos, a todos esos traidores, desleales, sin palabras y malvados que de engaño en engaño -siempre que no los perjudique- se les importa que desaparezcan mil ríos o que se maltrate la Naturaleza por el peor depredador que lo constituye el hombre. Otro ejemplo de esta afirmación, muy bien lo saben los pretendidos inocentes: es Haití.
A veces pienso que es un sin sentido el hecho de que yo diga o escriba estas ideas si en nada cambiará la mentalidad de los hipócritas y ambiciosos porque, total, cuando cambian de amo siguen a todo vapor con su misma falsedad, ineficiencia, deshonestidad. Entonces, ¡¿vale la pena echar esta vaina¡?.
Vivimos rodeados de víboras que no permiten ni aceptan el triunfo de los demás -en muchos casos, hasta familiares- y aunque usted haya pasado toda una vida honesta, honorable, profesional, repleta de sacrificios de toda índole y demostrando que se puede triunfar sin ser corrupto, inepto ni guardaespaldas y, sin decir siempre sí al jefe y, aún así sobreponerse a los obstáculos, vivir bien y mantener su criterio sobre lo que es la moral, manteniendo sus gustos por aquellas cosas que son propias y naturales, como la Naturaleza, la belleza de la mujer y por qué no, de un buen vehículo. Todo esto resulta y viene a ser que los malditos se vienen a dar cuenta cuando usted pierde su privacidad y ellos se sienten desplazados. Es precisamente, cuando la envidia los tortura, cuando se vienen a percatar de que a pesar de los años, usted no ha cambiado y sigue con los mismos gustos por los que ha trabajado, ¡carajo!.
Sólo la muerte me ha de cambiar. A un jefe y amigo le dije que el día aquel en el cual perdiera el gusto por contemplar la Naturaleza, la belleza de la mujer o el disfrute de un buen vehículo, ese día simplemente me entregaré, dejaré la faja, seré otro, dejando de ser yo, pero que una posición no me iba a cambiar y gracias a Dios que contra viento y marea continúo igual. Que se estrellen contra esto todos los intrigantes, corruptos y espalderos que no pueden soportar mis preferencias y mis co ..s para vivir en contra de las cosas con que esta sociedad de hipocresías trata de narigonearnos, sobre todo a los miembros del Club de los Pendejos.
Pero como estamos en Navidad, aunque aún esta tarde continúe sin sentido, deseo dejar en muchos, aquello de que muy a pesar, quizás por la gracia del Señor, para nosotros como país, no conocemos las grandes diferencias de las estaciones del tiempo y que por igual es desconocido que esos grandes cambios climáticos que suceden en la Naturaleza también ocurren en nuestras vidas, es que deseo sembrar en la conciencia de todos nosotros aquello de que si te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño.
En este último pensamiento sintetizo la vida y la razón por la cual se debe luchar en pos de aquello que creemos o nos atrae, razón por la cual trataré en este diciembre o a inicios de enero de amargarle la vida a los mismos chismosos y envidiosos de siempre. Más claro, ni el agua. ¡Sí Señor!.-
E-mail; rafaelpiloto1@hotmail.com

