Opinión

¿Tolerancia cero o estafa infinita?

¿Tolerancia cero o estafa infinita?

El presidente Leonel Fernández dijo recientemente que el capitalismo destila veneno, pero no ha dejado de ser neoliberal. Espera que alguien le ponga al neoliberalismo otro nombre. ¿Dejó de ser balaguerista? Del balaguerismo nunca ha renegado. Por el contrario, se ha declarado heredero del liderazgo de Joaquín Balaguer. ¿En qué se sustenta, entonces, su promesa de “tolerancia cero” para la corrupción? Habrá que tomarla como la última recomendación de sus bien pagados asesores de imagen. Pose, sólo eso.

Como el viejo caudillo, Leonel Fernández condena la corrupción mientras entrega, con sus propias manos, la ración al boa.

El Plan Estratégico República Dominicana Transparente, es otra producción para llenar los archivos de promesas no cumplidas.

Para encabezar un gobierno transparente, Leonel Fernández tendría que despojarse del balaguerismo, y es lo que no se alcanza a ver.

Del balaguerismo hereda, incluso, una parte de sus más cercanos colaboradores. ¿Acaso es posible olvidar la ligazón del ingeniero Diandino Peña con una parte de los integrantes del grupo de traficantes de influencias (es lo que se puede decir sin caer en delito de prensa) llamado “anillo palaciego”?

 De las filas del Partido Reformista Social Cristiano,  maquinaria electoral creada por Balaguer y hoy despedazada, procede el ingeniero Héctor Rodríguez Pimentel, quien articuló el movimiento  “Leonel en Primera Vuelta”, y obtuvo con ello la reinserción en el Estado.

 Las recientes denuncias de irregularidades en el Instituto Dominicano de Recursos Hidráulicos, INDRHI, no constituyen, a juicio del presidente  Fernández,  motivo suficiente para quitar de la dirección de esa institución a Rodríguez Pimentel. Tampoco lo fue su responsabilidad en el irresponsable desagüe de la Presa de Tavera poco antes de la tormenta Olga, hace más de un año, que causó la muerte a decenas de personas en la zona del Cibao.

Sencillamente, el presidente Fernández no está dispuesto a prescindir de los servicios de quienes han impulsado su candidatura.

Los mantiene en el Estado porque utiliza sus servicios para la sustentación política del gobierno y porque les tiene reservada la tarea de  hacer campaña otra vez.

Nadie debe llamarse a engaño. El presidente Leonel Fernández aspira a continuar en la Presidencia de la República después del año 2012.

 A eso hay que atribuir sus proclamas contra  la corrupción; pero.  por eso mismo, se sabe que son sólo poses.

¿Retirará los privilegios a los funcionarios con sueldos superiores al medio millón de pesos? ¿Dispondrá que el Estado deje de erogar pensiones de cientos de miles de pesos en favor de funcionarios que fueron corruptos y  siguen sirviendo a lo peor?

 Habría que preguntarle si fue la semana pasada cuando descubrió que hay corrupción en las instancias de poder.

En el año 2004, en su discurso de toma de posesión, proclamó: “Sacudamos el árbol de la democracia dominicana. Hagamos que caigan sus frutos podridos”. ¡Y ni siquiera los corruptos del gobierno de Hipólito Mejía fueron procesados!

Entre diciembre del año 2007 y enero del año 2008,  el candidato del Partido Revolucionario Dominicano, Miguel Vargas Maldonado, y el propio presidente Fernández discutieron sobre el origen de sus respectivas fortunas. Ambos fueron parcos en la discusión.

  El desacreditado candidato por el Partido Reformista Social Cristiano,  Amable Aristy Castro, se montó en la ola y dijo que retaba a Vargas y a Fernández a discutir con él sobre el origen de las fortunas de los tres.

 Ellos habían  reconocido a Amable Aristy como rival y llegaron a competir por ganarse el apoyo del pintoresco higüeyano, pero ninguno de los dos respondió a su desafío. ¡Era lo que deseaba Amable, mostrarlos como sus iguales!

Es la oferta electoral que este sistema presentó hace un año. Ahora, el mismísimo Leonel Fernández se pronuncia contra la corrupción, ¡y dice que serán castigados los corruptos! ¿Cuáles funcionarios son investigados? ¿Sepultó el balaguerismo? No se trata sólo de un falso juramento, es una muestra palpable de descaro…

El Nacional

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