Articulistas

Tragedia

Tragedia

Pedro Pablo Yermenos

La expectativa era pasar un día maravilloso. Ninguno de los miembros de la familia conocía aquella pequeña isla de la que tantas cosas espectaculares se decían. La más sencilla, que su playa era una piscina natural, ideal tanto para tomar un delicioso baño como para practicar deportes acuáticos.
Desde el inicio del día tan esperado, empezaron a ocurrir cosas que, a posteriori, fueron interpretadas como señales de que el destino se empeñaba en hacer comprender la necesidad de suspender unos planes meticulosamente delineados.

La llave del automóvil se extravió más de una hora. En el malecón de Santo Domingo hubo un aparatoso accidente donde cadáveres tirados en la calzada interrumpieron el tránsito muchísimo tiempo. Al salir de la ciudad se vació un neumático y cuando buscaron el de repuesto, estaba desinflado.
La voluntad de experimentar la aventura soñada era tan incólume, que todos los obstáculos fueron superados y cerca del mediodía llegaron al puerto donde abordaron la embarcación que los conduciría al lugar que con tanta ilusión anhelaban conocer.

Todo resultó ser más hermoso de lo que habían supuesto. Aguas cálidas, con mezcla inimaginable de colores. Paisaje impresionante que ofrecía visuales para los gustos más exigentes y servía de inspiración para manifestaciones artísticas.

Los tres niños no pudieron contener el deseo irrefrenable de disfrutar el encanto de un balneario que se veía tan inofensivo que sus padres no consideraron necesario tomar medidas especiales de precaución. Pese a eso, el papá los acompañó y los cuatro estaban extasiados ante un regalo de la naturaleza del que deseaban disfrutar desde hacía meses.

El segundo de los hijos era un experto nadador. Entrenaba con el equipo del club al que pertenecía y sus profesores coincidían en que su futuro era brillante en esa disciplina. De hecho, sumaba varias medallas y trofeos obtenidos en diversas competencias en las que había participado.
Haciendo alarde de sus pericias se alejó del grupo. Recurriendo a uno de los sofisticados estilos que dominaba llegó donde nadie más se encontraba. Su padre empezó a preocuparse. Procuró hacerle señas para que regresara, pero él no le miraba porque se sumergía y salía a la superficie de manera constante.
Traspasó el cordón que delimitaba el área de baño de la de los barcos. En una salida para tomar una bocanada de aire, la hélice del motor cercenó su cuello. Tras la huella de la sangre intentó, en vano, nadar la multitud.

Por: Pedro Pablo Yermenos
[email protected]

El Nacional