Tragedia anunciada

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República Dominicana ha sido excluida de la mayoría de los programas de asistencia económica que promueven naciones desarrolladas en beneficio de países pobres porque posee una economía de renta media por lo que no requiere de recursos que deben ser dirigidos a asentamientos de mayor vulnerabilidad.

Haití, en cambio, figura en la lista de los países más pobres del planeta, por lo que organismos multilaterales y naciones del mentado Primer Mundo otorgan créditos blandos o donaciones dirigidas a mitigar el alto índice de pobreza y exclusión.

La economía dominicana mantiene un sostenido perfil de crecimiento, a pesar de que ya no es impactada por financiamientos externos concesionarios, mientras que la de Haití, que se nutre básicamente de donaciones y créditos subsidiados, sigue a la deriva.

Los dos inquilinos de la Hispaniola transitan senderos totalmente opuestos, incluido lo referido a la organización y habilitación de las instituciones jurídicas, políticas y sociales que conforman ambos Estados, por lo que Haití padece una aguda crisis económica y un caos institucional.

La parte de la isla ocupada por los vecinos es zona desértica, inhábil para producir suficientes alimentos de origen agropecuario o agua para represar, lo que acentúa su situación de calamidad asociada al hambre, desnutrición, desempleo, déficit de vivienda y carencia de escuelas, hospitales, carreteras y caminos vecinales.

Tan grave es el drama haitiano que su impacto desolador que se siente de manera consistente en todos los ámbitos de la economía y de los servicios en República Dominicana, como inmigración desbordante, servicios hospitalarios, riesgos mayores de enfermedades fitosanitarias y de virus o epidemias sanitarias.

Lo deseable sería que la condición de “economía de renta media” que posee este país pueda impactar positivamente en Haití a través de exportación de capitales y bienes, transferencia tecnológica y uso intensivo de capital humano nacional para impulsar áreas vitales para el crecimiento y desarrollo del vecino.

Penosamente lo que se observa o se prevé en el mediano plazo es que, en vez del impacto positivo que debería producir en Haití el sostenido crecimiento de la economía nacional, la situación se produciría a la inversa: República Dominicana sería contagiada de manera irreversible por la terrible enfermedad en los ámbitos económico, migratorio, medio ambiental, sanitario, educativo e institucional.

Es esa una tragedia anunciada.