Trinchera discursiva: Bolsonaro convenció mayoría brasileños



La virtud de Jair Bolsonaro, presidente electo de Brasil, fue la creación de antagonismos que polarizaron la sociedad. Corrupción, seguridad, familia tradicional, religión, medios de comunicación, han sido los temas sobre los que construyó trincheras discursivas para movilizar a ciertos perfiles de votantes.
Fomentó una retórica agresiva que encajó con la extendida percepción de que Brasil vivía una profunda crisis económica y moral.

Acertó en conceder importancia al castigo de la corrupción y en situar al Partido de los Trabajadores (PT), su principal rival, como una formación que sólo pretendía sacar a Lula de la cárcel.
Consolidó la idea de que votar al PT equivalía a respaldar la impunidad y que su dirigencia no era más que una élite extractiva de los recursos del país.

Logró convencer a una mayoría de los votantes que los problemas de seguridad sólo tendrían solución confiando en un candidato que estuviese dispuesto a todo con tal de imponer el orden. No tuvo reparos en mostrarse nostálgico de la dictadura y en reconocerla valía de personas que habían sido condenadas por torturas.

Supo beneficiarse del voto de raíz religiosa señalando a la ideología de género y a la comunidad LGTB, como los causantes del derrumbe de la familia tradicional.

Alertó de la “amenaza” que la educación sexual abierta a la diversidad significaba para los menores de edad y arrastró, de ese modo, el voto de los sectores más conservadores en los diferentes estratos sociales.

Incorporó con naturalidad la fe a su mirada política. Las referencias a pasajes bíblicos como fuente de autoridad fueron constantes y una de sus citas preferidas fue Juan 8:32 para defender la importancia de convivir con la verdad. Hay que tener en cuenta que la teología-política en Brasil no es un “matrimonio” de conveniencia.

Atacó la labor de algunos periodistas mientras decía defender el valor de la libertad de prensa. Sus principales críticas fueron dirigidas hacia la “Folha de São Paulo”, acusando a sus profesionales de difundir “fake news”. Y anunció que limitará los fondos que el gobierno federal dedique a la propaganda gubernamental para menguar la financiación de la que disponen los medios contrarios a su llegada al poder.

El paso de ser un candidato histriónico a un posible presidente lo dio al presentarse a la opinión pública como un patriota que nunca pondría en riesgo el sistema republicano. Se reconoció como un “esclavo” de la Constitución de 1988 y consideró que su articulado era la biblia en la tierra.

Dos decisiones sobre su futuro gabinete de gobierno le han permitido apaciguar algunas voces críticas: la incorporación de Paulo Guedes y de Sergio Moro. El primero, formado en la Universidad de Chicago, contenta a las corporaciones que veían con temor un aumento del proteccionismo.

Desprende confianza para los mercados y ocupará un “superministerio” que integrará, entre otras áreas de gestión, hacienda y planificación. El segundo es el juez más destacado en la lucha contra la llamada mafia del poder y cuenta con gran popularidad después de impulsar la investigación del caso “Lava Jato” (será su ministro de Justicia).

En política exterior hay cinco asuntos muy relevantes para pensar el futuro papel de Brasil en América Latina y en el resto del mundo:

1). Es previsible que el gobierno de Bolsonaro apueste por las relaciones bilaterales y no por los organismos multilaterales, para llegar acuerdos en el ámbito económico. Una posición que podría traducirse en debilitar las capacidades de Mercosur.

2). Con alta probabilidad considerará UNASUR como una institución caduca e inviable. Algunos miembros de su equipo ya la han calificado de organización “moribunda” (pienso en las palabras del que será su vicepresidente Hamilton Mourão).

3). Aumentará la presión diplomática sobre Venezuela.

4). Bolsonaro se ha mostrado partidario de trasladar la embajada de Brasil en Israel a Jerusalén.
Las reacciones del primer ministro Netanyahu ante su victoria auguran un romance prolongado entre ambos gobiernos.

En su condición de ferviente evangélico puede favorecer la idea de que Israel cumple la misión de protegerlos lugares santos.

5). Las relaciones sino-brasileñas pasarán por una etapa de incertidumbre. Bolsonaro visitó en febrero Taiwán y su viaje fue considerado por las autoridades de Beijín como una falta de respeto al principio de “una sola China”.

Además, acusó -durante la campaña electoral-a las empresas chinas de depredar recursos naturales y de querer comprar a Brasil.

Los planteamientos políticos internos de Bolsonaro han sido hasta la fecha los que han generado mayores niveles de beligerancia entre sus adversarios. Pero es su política exterior la que puede desatar más controversias si cumple con los cinco puntos mencionados.

China, su principal socio comercial e irreemplazable a medio plazo, tiene la oportunidad de que el ejercicio inteligente de su diplomacia consiga mejorar su reputación y preservar su relación con un socio estratégico.

Contará con el apoyo de los representantes de la agroindustria brasileña partidarios de Bolsonaro e interesados en proteger sus excelentes relaciones con el mercado chino.

La próxima cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se celebrará en tierra brasileña y será una ocasión idónea para que el pragmatismo se imponga al unilateralismo intransigente.

China está llamada a ser aquello a lo que la Administración Trump renunció: garantía de estabilidad en la región.
El Brasil de Bolsonaro se componía de tres “B”: buey, biblia y bala (en referencia al frente agropecuario, el evangélico y el de seguridad pública). La cuarta “B” será Beijing.

El autor es doctor en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid.