Trump acude a la ONU con el nacionalismo más afilado que nunca

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Nueva York,  (EFE).- El presidente estadounidense, Donald Trump, acude a su segunda Asamblea General de la ONU con la ideología nacionalista más afilada que nunca y con el reto de defender una serie de políticas unilaterales que han irritado a numerosos aliados de EE.UU. en su primer año y medio en el poder.

Irán, Corea del Norte y la lucha contra las drogas serán algunas de las prioridades de Trump durante su visita a Nueva York, donde este lunes inicia una agenda de tres días que tendrá como platos fuertes su discurso del martes ante la Asamblea General y su debut como presidente de una sesión del Consejo de Seguridad el miércoles.

El discurso destacará la importancia de “proteger la soberanía” de Estados Unidos, según adelantó este jueves la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley.   “No es que digamos que el multilateralismo no puede funcionar; decimos que la soberanía es una prioridad sobre todo eso”, defendió la diplomática durante una conferencia de prensa.   Hace un año, Trump también dio tintes nacionalistas a su primer discurso en la Asamblea General, en el que declaró que “siempre” pondría “a Estados Unidos primero”, y opinó que los líderes del resto de naciones también “deberían poner a sus países primero”.

Por entonces, sin embargo, los defensores del multilateralismo aún tenían algo de influencia en el entorno de Trump y los aliados tradicionales de Washington tejían lazos con el nuevo Gobierno, con la esperanza de que las promesas más chocantes del mandatario se diluyeran con el paso del tiempo y gracias al peso de la burocracia.   Pero desde que Trump dio ese discurso, Estados Unidos se ha retirado del pacto nuclear con Irán y de dos destacados foros de la ONU- el Consejo de Derechos Humanos y la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Trump, quien a comienzos de su mandato también salió del acuerdo de París de 2015 sobre el cambio climático y congeló la apertura a Cuba, en los últimos meses ha reconocido a Jerusalén como capital de Israel, ha iniciado una guerra comercial con China y ha avivado las tensiones con los países miembros del G7 y de la OTAN.

“El año pasado, (Trump) insinuó que ‘Estados Unidos primero’ era una idea compatible con la cooperación internacional. Ahora, el presidente encontrará una audiencia global más escéptica”, escribió esta semana Stewart Patrick, experto en la relación entre EE.UU. y la ONU, en la web del centro Council on Foreign Relations.   Con la retórica proteccionista inflamada por la cercanía de las elecciones legislativas de noviembre, en las que se juega el control del Congreso, Trump llega además a Nueva York envalentonado por un nuevo equipo de política exterior que no parece preocupado por contener sus instintos más extremos.

El nuevo asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton, es un escéptico del multilateralismo y su combinación con el nuevo secretario de Estado, Mike Pompeo, ha repercutido en duras amenazas de Estados Unidos a Irán y a la Corte Penal Internacional (CPI).   En ese contexto de retirada internacional, el intento más notable de Trump de trazar una agenda positiva es su proceso de distensión con Corea del Norte, aunque ha habido pocos avances al respecto desde su cumbre de junio con el líder norcoreano, Kim Jong-un.

Su reunión bilateral de este lunes con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, podría ser en ese sentido el más interesante de sus contactos privados en Nueva York, donde también planea entrevistarse con los presidentes de Francia y Egipto y los primeros ministros de Israel, Japón y el Reino Unido, según la Casa Blanca.