Últimos días en La Habana ha ratificado en el VIII Festival de Cine Fine Art’s, la experiencia y trayectoria de una marca fílmica que, como la cubana, tiene prestigio propio y claramente diferenciado.
Este drama respira el perfume de la sensibilidad inteligente, capaz de producir una crítica social al propio sistema en tan alto nivel, que el propio Estado cubano le presta su anuencia y patrocinio para poder ser un hecho artístico respetable en el marco del cine iberoamericano. Co-producción con España y apoyada por el programa Ibermedia, revela a Fernando Pérez como uno de los ¿nuevos? Directores de ese cine cubano que tiene como norma el solo respetarse a sí mismo.
Expone, por medio de la relación de dos amigos profundamente distintos, una galería de personajes del barrio pobre habitante de los añejos edificios destartalados de La Habana de Hoy, exponiendo la pobreza y dignidad con que se vive allí, sin vacilación alguna.
La producción es un canto a la libertad ahogada, una revisión actual a la pobreza y solidaridad una crónica de engaño y desengaño y un homenaje al valor de la amistad, todo en una narración, sin grandes saltos dramáticos, que finalmente no necesita, deja clara la trascendencia de la maestría cubana, cuando de buen cine se trata.
El drama con inolvidables toques de humor, es una relación fílmica de desilusión social, la renuncia y ha adhesión al ideal socialista, de renegados y adeptos. Gabriela Ramos, una joven actriz de 16 años, se roba la atención en esta crónica ácida y deliciosa: Ultimos días en La Habana.

