¿Qué Pasa?

Un teatro  imperdible

Un teatro  imperdible

Cuando el teatro de calidad que excede sus propios márgenes locales y  muestra consistencia, talento y creatividad inusuales y sorprendentes, el hecho escénico queda marcado en la memoria con el agradable aroma de que todo esfuerzo por disfrutarlo fue compensado con creces.  “»La Leyenda del Comodín y sus Barbiedolls»,  un texto dramático que toca a esta audiencia con su carga de actualidad, con las ideas obsesivas que parten de la insatisfacción con el propio cuerpo, los vacíos de la emocionalidad.

La Leyenda

Además de su texto orgánico, poético y detallado, el montaje tiene un altísimo sello de excelencia en los aspectos de su montaje: actuaciones, dirección, vestuario, iluminación y escenografía, son los mas relevantes. Vicente Santos destaca como director y puede declararse ya como un temperamento que no necesita, desde la imprescindible humildad que mantiene como artista, nada que demostrar. Es un director evidenciado como ubicado en las tensiones de la exigencia a sus dos muñecas aparentemente mecanizadas y plásticas. Como actor, es hilo conductor que cuenta una historia adherente de públicos necesitados de un teatro que cuente verdades con belleza y acertividad. Judith Rodríguez (La Barbie Atlética) muestra que sus estudios de teatro no fueron una casualidad laboral. Un talento que se integra a un personaje difícil, con una gestualidad de difícil dominio y con enorme gracia para entregar la piel en ese noble escenario de Casa de Teatro. La gran sorpresa es la Hony Estrella, que tiene en su contra su procedencia de la radio y la televisión, pero revierte todo prejuicio. Es una artista responsable de cuanto logra en su esteticismo de Muñeca T. Intensa, con un excelente manejo de su color de voz, la destreza de un cuerpo respecto del cual algunos cronistas superficiales le enrostraran que tiene unas libras de más… pero, ¡Qué carajo tienen que ver  las balanzas con el talento desgarrado que establece su nexo con un público que quedo boquiabierto y que la aplaudio a rabiar”!.

Morla

Jovencito, bajo perfil, el autor de este trabajo, estuvo sentado en la segunda fila, agradado en el fondo al constatar la conexión que logra su poéticoo debe tener 25 años de edad, y sin embargo es el gran descubrimiento de la nueva dramaturgia dominicana.

El Nacional

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