POR: LUSBANIA SANTOS
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SANTIAGO. Desde niñas aprenden a cargar sobre sus hombros la responsabilidad de los quehaceres del hogar, cuidar a sus hermanitos, ordenar la casa, y así viven sus primeros años, sin percatarse siquiera cuándo pasó su etapa de niñez. Son en su mayoría jovencitas cuyas edades circundan entre los nueve y doce años, que desde algún barrio crecen asumiendo el rol de amas de casa y que mientras ven a los otros niños jugando, sólo miran el disfrute de lejos porque para ellas no existe otro mundo que no sea el de los oficios del día a día “allá dentro de la casa”.
Una afirmación que no es simple especulación y es que esto fue comprobado en una investigación en distintos barrios de esta ciudad. En visita a los barrios La Otra Banda, La Cruz de Mary López, Pekín, Hato Mayor, Nibaje, se pudo constatar que por lo menos en horas de la mañana, la calle se convierte en un escenario propicio donde los niños juegan a la pelota y otros juegos inventados por ellos mismos; mientras que ellas friegan, barren, trapean, cocinan y preparan la casa para luego en la tarde, y después de un arduo trabajo, irse a la escuela.
¿Dónde está tu hermanita? -“allá adentro haciendo oficios”. Fue la respuesta de más de un niño que jugaba a la pelota, mientras se alcanzaba a ver el vaivén de las colitas de las que con termos en manos se disponían a cargar el agua para trapear, fregar, cocinar, y así “aprenden a hacer en lugar de ser”.
Y aunque la convención de los derechos del niño establece en su artículo 37, que “todo niño tiene derecho a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social” y que además, “a los padres o personas encargadas de los niños les incumbe la responsabilidad primordial de proporcionar dentro de sus posibilidades y medios económicos las condiciones de vida que sean necesarias para el desarrollo del niño”, el hecho está lejos de ser una realidad, por lo menos en esos barrios donde las niñas desde temprana edad asumen el rol de amas de casa.
El artículo 37 de la misma convención establece que todo niño tiene derecho al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades ecreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes. Sin embargo, según las cifras del Unicef se calcula que en todo el mundo hay 158 millones de niños y niñas de entre 5 y 14 años que trabajan, lo que equivale a 1 de cada 6 niños y niñas.
Pero aquellas que trabajan dentro de sus casas desde los distintos barrios, son muy difíciles de cuantificar y es que con la excusa de “que tienen que ayudar en la casa, y aprender a hacer bien los oficios para que sean buenas esposas”, niñas son llevadas por sus mismos padres a trabajar aún más allá de sus fuerzas, dejándoles en algunos casos la responsabilidad absoluta de los quehaceres del hogar, lo que las imposibilita para disfrutar de su niñez y que además influye en su rendimiento escolar.
La situación va aún más allá y es que lo que empieza desde la niñez con cierta diferenciación en los roles entre el niño y la niña, bien podría influir en lo adelante como un generador de violencia intrafamiliar, y es que podría reproducirse desde las familias la sumisión extrema para las mujeres y la dominación de manera irracional para el hombre.
Según la fiscal de esta ciudad Luisa Liranzo “al analizar el perfil de las mujeres que se resisten a denunciar cuando se enfrentan a hechos de violencia, se evidencia la sumisión extrema, baja autoestima, mientras que el porcentaje de las que confiesan haber aguantado en más de una ocasión es muy alto” subrayó.
Dijo que es necesario cambiar los patrones de educación en las familias, esa asignación de roles de acuerdo al género, “es necesario igualdad de acceso, pues lo que se aprende en casa es lo que se va a reproducir fuera”, apuntó.
Una afirmación que también fue secundada por el antropólogo y sociólogo Carlos Andújar, para quien la violencia intrafamiliar podría tener su génesis en una cultura machista, en la que el hombre tiende a ser visto como aquel que manda en base a violencia dentro de la casa.
“El perfil de una mujer que no denuncia hechos de violencia es de sumisión irracional que viene de una educación que relega a la mujer y tiene que ver sobre todo con un patrón machista de crianza” manifestó Andújar.
Según la psicóloga Hayddé Domínguez, la infancia es una etapa trascendental en la vida de un ser humano, donde se ponen los cimientos para una adultez funcional. “Para que sea así debe existir un adecuado balance en la formación emocional, los valores, la educación formal escolar, la recreación, la socialización y la aceptación y afecto incondicional”.
En este sentido indicó que la niña que debe ocuparse de su casa: cocinar, limpiar, atender hermanos, ocupa un tiempo vital para su evolución y bienestar personal y expresó que esto también se traduce en bajo rendimiento escolar.
La frase
“Toda niña abusada en su infancia es candidata a permitir abusos de otros”.
Haydée Domínguez
Psicóloga
Diferencia en roles genera problemas sociales. Luisa Liranzo, fiscal de Santiago.



