Veneno, El relámpago de Jack, independientemente del atractivo personaje popular cuya vida resume, implica un valor esencial para la industria del cine.
Es la mejor prueba de que el talento cinematográfico local, tanto en lo artístico y técnico, es capaz de producir entregas realizadas con tal cuidado y precisión en sus aspectos interpretativos, sonoros, de efectos especiales, edición y – sobre todo- en dirección de arte, al acometer desafíos tan formidables como la recreación de época en una localidad provincial como San José de Ocoa, el Santo Domingo y New York, logrando verosimilitud y fidelidad de los ambientes de los años 60, 70 y 80.
Eso, en cine, es un milagro de la creación. Y un desafío que no todo el mundo en la industria está dispuesto a aceptar. Estos muchachos lo han logrado. Años, presiones y penurias les ha costado por lo complejo del proyecto y la forma en que decidieron aceptar el reto.
Tabaré Blanchard supo ser buen cuidador del sueño de Riccardo Bardelino, ideador y productor de Veneno, y mostrar de lo que era capaz, luego de regalarnos uno de los mejores documentales (La Montaña), y evidenciar por qué valía la pena dedicar estos últimos cuatro años a lograr dignamente la historia del primer superhéroe dominicano… “El campeón de la Bolita del Mundo”: Jack Veneno.
Quienes asistan no tendrán oportunidad de expresar conmiseración y dudas por tratarse de “cine dominicano”. No es cine dominicano. Es cine. Presentable ante cualquier pantalla del mundo.
Era un sueño de Bardelino, que se acercó a Rafael Sánchez (el verdadero nombre del legendario luchador) para hacer una entrevista y equivocadamente pensar que sería buen material para un libro, cuando en realidad, por lo visual y lo espectacular, todos los caminos conducían a una película.
Pero no una más de las realizada con las prisas express de lo comercial, sino de una producción cargada de detalles y enfoques de una óptica de primerísima plasmación en pantallas. Mucho ha debido ser el trabajo para reconstruir ambientes, vestuarios, peinados, hitos arquitectónicos de época y hacerlos verosímiles y reforzadores de la leyenda del Jack.
La actuación coral, y sobre todo la personificación del luchador que se constituye en la mejor entrega interpretativa de Manny Pérez, resume profesionalidad y entrega.
Cuidada en cada detalle, el drama deportivo presenta nostalgias para quienes vivieron la época, inteligentes toques de humor, una fotografía espectacular y cromáticamente capaz de recrear ambientes y mundos, nunca antes captados de esta forma.
Buen cine. Cine auténtico y profesionalmente logrado. Cada uno de los meses, cada uno de los años que tardó en llegar a pantalla, han valido la espera.
Veneno es el tipo de películas que ha de hacer olvidar las nacionalidades del cine.
Es simplemente el cine digno, corajudo y manejado con criterio, dejando claro que parte del nuevo camino pertenece a la juventud comprometida con el contar adecuadamente historias de valor universal.
Hubo quienes dieron el apoyo privado fundamental: Cervecería Nacional Dominicana (CND), Grupo Mallén, Induveca, La Sirena, Caribbean Cinemas, Ron Barceló y cerveza Lowenbrau, BHD León, Laboratorios Doctor Collado, Camilo Lab y Total.

