Opinión

Victoria especial

Victoria especial

La desigualdad de los contendientes presagiaba un resultado diferente. Era como intentar evitar, con una lámina de cartón, los efectos de los furiosos vientos de un huracán. Por eso, con tan precarios recursos, tiene más mérito haber preservado los enseres de la dignidad, ante el atropello petulante que se pretendía consumar. La Cementera no se construirá en Los Haitises y eso es una derrota de la arrogancia.

 Los poderosos intereses que cargaban en sus hombros el clinker y la caldera de este proyecto, hacía imposible suponer que la osadía de unos imberbes, sin más armas que sus sueños, desataría acontecimientos que culminarían en la paralización de sus propósitos.

 Ante las características de lo acontecido, urge hacer las lecturas correctas de los esfuerzos desplegados, descubrir las potencialidades que hicieron realidad tan inesperados resultados y mimarlas como referentes magníficos para continuar avanzando.

 Es evidente que, tan distinto al pasado, en esta ocasión hubo planificación, sistematicidad, novedad en las herramientas empleadas y la participación protagónica de un estrato social marcadamente juvenil. Ha sido una lluvia de esperanza sobre un erial de desencantos.

 Recurrir, como árbitro inapelable, a un Programa de Naciones Unidas, y asumir su decisión como sentencia irrevocable, fue un artilugio de quienes no encuentran con facilidad las respuestas negativas ante los caprichos millonarios en desmedro del patimonio de todos. Este pueblo no tiene abogados de sus causas.

 Esta victoria especial debe servir para comprender, al fin, que sí es posible hacer cosas trascendentes y traducirlas en consecuencias positivas, siempre que se actúe con inteligencia y con sentido de cuerpo, deponiendo afanes por hacer primar figuras sobre procesos.

 El triunfo no debe embriagar. Hay que evaluarlo, hacer críticas y autocríticas, pasar balance, colocarlo en su correcta posición, ni subestimarlo ni sobreestimarlo. Usarlo como valioso antecedente para nuevas jornadas, en las cuales, deberá superarse, ampliarse y potencializarse, para obtener efectos más contundentes.

 Esta experiencia, como colofón, debiera servir a quienes anhelamos y trabajamos en la construcción de una opción política alternativa. Es un espejo para ver reflejados los errores cometidos, que nos hacen responsables de la ineptitud en la estructuración de una oferta distinta a tanta miseria camuflajeada de menú partidario.

 Mientras no se comprenda que, lejos de haber propiciado la solución de los problemas, hemos sido parte de ellos, no estaremos en capacidad de superarnos y colocarnos en posibilidad de competir, con perspectivas de éxito, con las avasallantes fuerzas que se enfrentan.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación