Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Una promesa bastante engorrosa y triste
Mientras escribo estas líneas la mayor parte de la gente está preparando la cena de esta Nochebuena, pues hoy es día 24 de diciembre.

Sin embargo ayer, hablando con una amiga nueva que he conseguido aquí en Boadilla del Monte, un pueblo cercano a Madrid en donde estoy viviendo desde hace casi un año (el 3 de enero se cumplirá), tomé conciencia de lo triste que puede ser la vida de una mujer joven, como lo es ella, cuyo nombre es Rosa, por ser, quizás excesivamente, solidaria con su hermana.

El problema es grave, desde luego, pues su pariente sufre de cáncer y ella, Rosa, se ha entregado en cuerpo y alma a cuidarla lo mejor que puede, incluso más.
Además de convivir con ella y ocuparse de administrarle su medicación, acompañarla al médico y todo lo que conlleva esa terrible enfermedad, también reside con el padre de ambas, un octogenario que, como es normal a su edad, tiene sus manías bastante especiales. No sólo no la ayuda sino que la ataca. Todo lo que Rosa hace: limpieza de casa, comida, etcétera, es criticado y no agradecido.

Nos vemos a menudo en un bar-restaurante cuyos propietarios consideramos amigos: Ambigú.

Casi siempre que le pregunto cómo van las cosas (aunque procuro obviarlo) su respuesta es negativa. Es decir, han ocurrido cosas que son increíblemente tristes y dolorosas para alguien que está entregada a su labor de verdadera hermana.

Desde que la conocí, hace unos meses, la he visto escribiendo a mano en un cuaderno de esos grandes y de cuadros. Al principio no me atreví a preguntarle lo que hacía. Pero según avanzaba el tiempo, y al ver que Rosa seguía escribiendo, me atreví a hacerlo.

Fue cuando ella se abrió conmigo y me contó todo por lo que estaba pasando y el motivo por el que escribía continuamente.

Resulta ser que hizo una promesa para la recuperación de la salud de su hermana: escribir a mano nada menos que tres mil veces el “Padre Nuestro”.

Ayer iba por mil novecientos…

Por eso digo que, aparte de ser una promesa triste, es asimismo engorrosa. Yo no me considero capaz de hacerla porque lo más probable es que no la cumpla. ¡Quién sabe! Hasta que uno no se ve en una situación no puede afirmar cómo va a reaccionar, pero creo sinceramente que no podría.

El caso es que, aunque Rosa no es la típica “amiga” de las que ríen continuamente y tiene un carácter fuerte con una gran personalidad, aparte de haberle cogido un gran cariño también le tengo una gran admiración.
Es una mujer muy interesante, y no sólo físicamente (los hombres la acosan todo el tiempo), sino también en el terreno intelectual: puedes conversar con ella de cualquier tema.

Deseo, con estas breves líneas, rendirle homenaje y desearle mucha suerte. ¡Sólo con lo que está haciendo se la merece!

El Nacional

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